Vela

Los lances de Matchu Lopes, nuevo integrante del Náutico Sevilla

  • El dos veces campeón del mundo de ‘strapless’ kitesurf fue presentado el miércoles en las instalaciones del club hispalense 

Matchu Lopes posa durante su presentación con el Club Náutico Sevilla. Matchu Lopes posa durante su presentación con el Club Náutico Sevilla.

Matchu Lopes posa durante su presentación con el Club Náutico Sevilla. / José Ángel García

Matchu Lopes (Sal, Cabo Verde, 1993) está en un momento dulce en su carrera. Pero durante años, su pasaporte caboverdiano fue un hándicap a la hora de dedicarse al kitesurf. Trámites burocráticos y horas de espera en consulados eran habituales en sus viajes.

“Muchas veces, entre campeonato y campeonato, en vez de estar preparándome en el agua o en el gimnasio, estaba en las embajadas haciendo papeleos y cruzando los dedos para conseguir un visado”, explica.

Después de un sinfín de penurias de este tipo, obtuvo la nacionalidad española el pasado abril. Lo hizo por la llamada carta de naturaleza, documento que otorga el Gobierno por Real Decreto. Se concede sólo en casos excepcionales. Pero, ciertamente, el de Matchu lo es.

A sus 24 años, es bicampeón del mundo de strapless kitesurf, una modalidad en la que los pies no están sujetos a la tabla. Su primera corona la consiguió en Dakhla (Marruecos), en octubre de 2016. “No me lo creía. Me despertaba por la noche diciendo: ¿De verdad lo he conseguido? ¿De verdad he ganado?”, confiesa.

Matchu no conoció el deporte acuático de forma casual. Su padre fue un enamorado del windsurf y recuerda que ya con cuatro años, él lo acompañaba a la playa. “Aún no sabía nadar, pero poco a poco empecé a aprender cosas y a hacer pequeños trucos”, cuenta. No se olvida de mencionar a Josh Angulo, un legendario windsurfista que fue una fuente de inspiración para él.

En Sal, donde creció, el surf es el deporte estrella. “Cabo Verde tiene diez islas y yo vengo de una de las más pequeñas. Es la más plana y la más árida. No hay mucho fútbol, no hay baloncesto, pero hay muchos surferos”, dice.

Poco a poco fue descubriendo el kitesurf, especialidad de la que luego haría su profesión. A los 17 años salió de su país por primera vez para competir en un torneo que se disputaba en Cerdeña.

Ahí comenzó un camino lleno de piedras, pero al fin y al cabo era el que Matchu quería tomar. “He estado en sitios en los que jamás creía que iba a poder estar, sitios únicos”, dice agradecido al kitesurf. Menciona Hawai, Nueva Zelanda o Isla Mauricio con verdadero entusiasmo. “Me queda ir a Sudáfrica, pero allí el agua es muy fría y hay tiburones de los malos”, bromea.

Sin embargo, si Matchu tuviera que hacer un ranking de lugares en los que ha estado, lo lideraría Fuerteventura. “La primera vez que estuve allí me quedé impresionado. Las condiciones que hay, la gente, la temperatura... me quedé enamorado”, apunta. Tanto lo cautivó la alargada isla canaria que se terminó empadronando allí. Algo después empezó a frecuentar Tarifa, donde entre un entrenamiento y otro conoció a la que hoy es su pareja, una joven sevillana.

Siguiendo por esa senda de casualidades, fue en la capital de Andalucía donde pudo conocer a María Laffitte, la abogada que logró que el Gobierno le concediese el pasaporte español. Ella ya ayudó en 2015 al atleta cubano Mauri Castillo, al que la doble nacionalidad se le resistió durante cinco años.

Afortunadamente, la espera no ha sido tan larga para Matchu Lopes. “Ahora paso las fronteras con los ojos cerrados”, dice emocionado. Su último paso fue enrolarse en el Club Náutico de Sevilla. Esta semana se convirtió en nuevo regatista de la entidad hispalense, a sabiendas de que el kitesurf aún no está reconocido como deporte olímpico.

La etapa más difícil ya quedó atrás para el joven caboverdiano, que tiene muy presente que “lo más importante es creer en lo que tú quieres hacer”. Él cree. “Cuando me levanto por la mañana, miro por la ventana y compruebo si hay más o menos viento”, explica. Matchu sigue poniéndose objetivos, aunque sin salir del mar. “Para mí, estar dentro del agua es como estar en el sofá”, afirma.

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