El Fiscal

Comida de hermandad

Plato, cubiertos y servilleta.

Plato, cubiertos y servilleta.

Una Semana Santa tan adelantada en el calendario tiene el efecto de que muchos almuerzos de hermandad se celebran en plena cuesta de febrero. Y ahí hay pocos relevos que valgan. Están de moda de nuevo los hoteles de supuestas cinco estrellas. Hemos vuelto a los años ochenta. Se contratan menús muy ajustados, accesibles para todos los públicos (lo que es lógico y loable), pero el personal se espera una comida a la altura del establecimiento, cuando se corresponde con una tarifa más que reducida. La conclusión, como nos confesaba un camarero, es que hay quien se zampa dos y tres piezas de pan. El aperitivo previo es más que frugal, el plato principal es más bien secundario y el postre es una ingesta de carbohidratos más que necesaria para el tardeo. Al fin, todos se pueden hacer la foto en los salones del hotel y golpear la copa del cava con la cucharilla antes del discurso del hermano mayor. Se trata simplemente de convivir. Aunque nos fijemos en todos los detalles. "La servilleta se le ha caído, hermano". Gracias.