La cuesta abajo

El Fiscal

La del Rosario, la del Bacalao y la que nos conduce, sin esperanza de arriar los zancos, hacia una honda decadencia

Semana Santa de Sevilla, el que pueda hacer, que haga

Un detalle con el padre del pregonero

La mirada de un nazareno
La mirada de un nazareno / José Ángel García

08 de febrero 2026 - 04:00

Hay polémicas que tienen un punto de ternura en este período de asperezas, pérdida de criterio, crispación retransmitida y abuso de las redes sociales. Que una hermandad manifieste su malestar por la colocación en el altar mayor de su sede de las imágenes de otra cofradía que está provisionalmente en esa iglesia es digno de ser referido en los Anales. ¡Qué maravilla de pique! Esas son las historias de toda la vida, como esas pugnas y pleitos que suman años y que, al final, acaban en concordia. ¡Qué poquito tiene que ver eso con los cobardones anónimos o con los fantoches con nombre y apellidos que arremeten contra un vestidor y publican fotos de la Virgen con hincapié en los supuestos fallos! Otra polémica casi vintage ha sido el malestar por haber trascendido unas horas antes del acto de presentación que el cartel de la Semana Santa estaría presidido por el Cristo de las Misericordias de Santa Cruz. "¡Por Dios, por Dios!", que diría monseñor Asenjo. Ojo porque no se adelantó el cartel, sino la imagen que lo protagonizaría. Con la decadencia galopante que sufre el mundillo de las cofradías –que hasta inspira letras de agrupaciones del carnaval de Cádiz– ¿de verdad que estamos ante un problema?¿Hacemos la lista de despropósitos que provocan que muchos sevillanos no se reconozcan en una Semana Santa de consumo, cosificada y espectacularizada? Lo dicho: una polémica entrañable.

Si son célebres las chicotás de las Cuestas del Rosario y el Bacalao, empieza a serlo y mucho la de la cuesta abajo en la que andamos metidos. No hay día sin una muestra de decadencia que nos haga descender más y más a paso de mudá. Hemos normalizado la ascensión a los altares de capataces que hablan en público como si estuvieran en el bar, alusiones incluidas a colectivos de una cofradía. ¿Es necesario descender a esos infiernos de airear cuitas, rencillas y ajustes de cuentas? Lo peor es que lo vemos normal.

Se difunden, por ejemplo, las fechas en las que se publica la lista de seleccionados para ser diputados de tramo. ¿Pero acaso se trata de las oposiciones del SAS? Se publican tantas interioridades que no se logra la transparencia, sino un absurdo. ¿Se imaginan una comunidad de vecinos de un bloque de seis pisos publicando sus cuentas para conocimiento de toda la ciudad?

Más muestras de decadencia. El cese masivo de costaleros tiene más eco que un ERE en los Astilleros. Y los anuncios de candidaturas incluyen un book de fotos del aspirante. En breve traerán un certificado de estar libre de antecedentes penales, un audio de voz para que comprobemos su capacidad de oratoria y una reseña sobre sus gustos personales. Aquí todos acabarán respondiendo a qué dedican el tiempo libre, como se preguntaba Perales en la canción. Pregúntale, pregúntale...

En tiempos de la ley de protección de datos, son las propias cofradías las que aventan el fuego de las absurdeces. Laminado el concepto de la intimidad institucional, normalizada la difusión de irrelevancias y elevada a la categoría de noticia aspectos de la vida interna, resulta enternecedor el enfado de una cofradía con otra por el uso del altar mayor o que alguien se enoje porque se ha avanzado la imagen del cartel, no el cartel. Siempre hay rendijas para la esperanza cuando vamos cuesta abajo. “Toca otra que sigue la chicotá”.

José Ignacio del Rey Tirado y Nuria Barrera flanquean el cartel anunciador del pregón universitario.
José Ignacio del Rey Tirado y Nuria Barrera flanquean el cartel anunciador del pregón universitario. / M. G.

Nuria Barrera, una oración en cada pincelada

La Buena Muerte con la Virgen de la Angustia a sus pies. Un ‘Stabat Mater’ en versión ‘cum laude’. ¡Qué cartelazo nos ha regalado Nuria Barrera para anunciar el pregón universitario! Si difícil es pintar para las cofradías, mucho más es hacerlo con frecuencia y acierto al mismo tiempo. Esta carmonense y macarena vuelve a impactar con un pasaje de evidente belleza y con fidelidad a su estilo de colores alegres, sobre todo el azul que marca su trayectoria. Ni un paso atrás en el estilo propio, que casos ha habido de célebres autores que han renunciado a su línea creativa cuando han pintado para el mundillo de las hermandades. Un error que Nuria nunca ha cometido. En este nuevo cartel, el Cristo y la Virgen aparecen en una atardecida que ha sido recreada con pinceladas que son oraciones, como ella misma explicó en el acto de presentación. Ella siempre ha confesado que cuando la inspiración toca la aldaba conviene estar delante del lienzo, con música clásica de fondo, con buen ánimo y con actitud de rezar en cada pincelada. Solo así salen carteles cálidos, con alma y dignos de colección. Se pinta rezando, se reza creando. Esta artista es una fuente inagotable de creatividad. Todavía recordamos el éxito rotundo de aquel cartel azul para el Cachorro en 2012.

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