"Yo subí a las Torres Gemelas y dije que no dormiría allí tranquilo"

Rafael Manzano, arquitecto

Prepara la introducción para un estudio sobre Villanueva de su maestro Fernando Chueca, cuyo nombramiento como hijo predilecto de Madrid fue el 11-S.

Francisco Correal

14 de agosto 2011 - 11:28

Rafael Manzano (Cádiz, 1936) es nieto de un Rafael Manzano constructor naval que tuvo su astillero en Puntales y sorprendió a Cádiz con un barco varado en la vía del tranvía. El arquitecto fue expulsado de las aulas, a las que ha ido su retrato a la galería de directores de la Escuela de Arquitectura. Estuvo 18 años de conservador del Alcázar y tres días preso en la cárcel de Ranilla. Prepara la introducción para un estudio sobre Villanueva de su maestro Fernando Chueca, cuyo nombramiento como hijo predilecto de Madrid fue el día de la caída de las Torres Gemelas. Está en Mallorca con su colega Léon Krier.

-¿Y esa foto de novia?

-De mi hijo Miguel Ángel, que es fotógrafo.

-Usted se enamoró y se casó con su prima, como Carlos V y como Vargas Llosa.

-Nos casamos el 3 de septiembre de 1963 en la iglesia de San Sebastián de Madrid, en la capilla de la hermandad de Arquitectos. A Concha la conocí en Alhama de Granada, en un balneario que era de la familia.

-Nació en 1936. Su cumpleaños se ve empequeñecido por tanta efeméride.

-Cumplir años no es nada agradable. Los andaluces celebramos los santos. Nunca los he celebrado, y ahora menos desde que me echaron de la universidad con una carta un poco destemplada en la que se me dice que salvo petición especialísima no puedo volver para hablar en público.

-¿Dónde nace su vocación de arquitecto?

-Viendo las iglesias de Jerez. Mi madre estaba enamorada de Cádiz, decía que mi padre la llevó engañada a Jerez. Él era muy piadoso y me llevaba todos los días a ver el Santísimo en el Santo Jubileo Circular. Yo no era tan piadoso, pero me aficioné a mirar las bóvedas.

-¿Qué le dio Cádiz, la ciudad donde nace?

-Lo que le da a todos sus hijos: una cierta vis oratoria, un hondo sentido del humor y un talante liberal. Y el título de hijo predilecto. Es la ciudad más trascendente, vieja y moderna.

-¿Cuál fue su primer maestro?

-Para compensar la poca atención que los marianistas prestaban al Dibujo y la Historia del Arte, mi padre me puso en manos de Manuel Esteve, archivero de Jerez que soñaba con encontrar Tartessos.

-Ha vuelto a Chicago...

-A la entrega del premio Richard H. Driehaus a Robert AM Stern. Dice que por la crisis sólo se ha quedado con trescientos arquitectos.

-Ese premio se lo concedieron a usted en 2010.

-Se concede en Chicago, igual que el Pritzker. Algún discípulo le quiso quitar importancia, pero está dotado con el doble de dinero. Yo no seré buenísimo, pero el premio es magnífico. Soy el único español que lo tiene. Igual que Moneo con el Pritzker. Fuimos compañeros de residencia y de dormitorio. Se lo han dado a Eduardo de Moura, un portugués magnífico. Lo prefiero a Álvaro Siza, que tiene grandes aciertos, pero también torpezas, algunas de las cuales nos ha dejado en España. La de Granada es dañina para la vista.

-¿Conoció las Torres Gemelas?

-Eran muy bonitas. Yo las echo de menos. Estuve con mis alumnos. Subimos a una de ellas y yo les dije que no dormiría allí muy tranquilo. Oscilaban un poco y las veía muy frágiles. Se vio que lo eran. Un avión impactó el Empire State en la Segunda Guerra Mundial.

-Fue 18 años conservador del Alcázar. ¿Nostálgico?

-No tengo nostalgia de nada, quizás de la enseñanza.

-¿A qué miembro de la Familia Real le interesaba más la arquitectura?

-Dicen que a la Reina le interesa mucho la Arqueología. Siempre venían con urgencia. No hay interés especial en nuestros monarcas por la arquitectura, lo cual me duele y me entristece. Junto a la Iglesia y a la nobleza, el gran promotor de la arquitectura en España fue la Monarquía. Carlos V dejó la España plateresca.

-Su amigo Moneo tiene obra en ayuntamientos del PP (Sevilla) y de Bildu (San Sebastián).

-Es lo único en lo que se ponen de acuerdo los partidos, en esa devoción por la obra de este arquitecto.

-La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular...

-Quedamos muy mal los arquitectos en esa frase bíblica. Estamos destruyendo cosas antiguas para sustituirlas a veces por la nada.

-Dejó la enseñanza, pero no el oficio...

-No lo puedo dejar. La pensión no me alcanza y tengo una hija que es arquitecta. Tengo que seguir haciendo obra aunque no hay obra. Ahora mismo sobramos un noventa por ciento de los arquitectos españoles.

-¿Sigue criticando la capitalidad de Sevilla?

-Fue capital de España en determinados momentos, capital del comercio y de la industria, que no arraigó. No hay ciudad peor para la industria y el comercio que Sevilla. Parece que a la larga sólo sirve para ser capital del ente autonómico. Somos todos funcionarios.

-¿Cuál es su ciudad?

-Siempre añoro Granada desde Sevilla y al revés. Nunca le encontré a Sevilla la clave poética. Vine para un año y mis alumnos me pidieron que siguiera. Me he arrepentido de no haber vuelto a Madrid. Era mi alma mater, allí estaban mis maestros. En Sevilla ni interesa ni gusta mi obra, ni nadie la encarga. Casi toda la tengo fuera.

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