Sebastián Haro | Actor

"El teatro lleva en crisis desde que lo crearon"

Sebastián Haro

Sebastián Haro

Nació en la provincia de Granada, se crió en la Jaén, estudió en Sevilla y trabaja entre su Laboratorio de Interpretación y, sobre todo, Madrid, donde se le ha podido ver en Amar en tiempos revueltos, Cuéntame cómo pasó, Física o Química, Hospital Central o la reciente Dos vidas. Sebastián Haro (Dílar, 1964) respira interpretación desde hace medio siglo, ya sea "jugando" en teatro, cine o televisión. Se acerca a las seis décadas de vida con la firme intención de volver a sus raíces, muy ligadas al campo y a Andalucía oriental: "Si me pierdo, que vayan a buscarme a Granada o a Úbeda".

-¿Ha creado un laboratorio de interpretación? ¿El de actor es un trabajo científico?

-Sí. El trabajo de actor no es yo te lo digo lo que tienes que hacer y lo haces. Es de investigación. Con nosotros mismos, con los compañeros, con la experiencia del director. Un actor tiene que meterse en un laboratorio y remover el contenido para saber su continente. Y aceptarse para conocerse.

-¿Dónde le nace esa vertiente docente?

-Llegué a Sevilla en 1983 a estudiar interpretación en el Instituto del Teatro. Saqué una de las mejores notas y la Diputación de Sevilla me invitó a dar clases por la provincia en 1987. Di clases en La Rinconada, Los Palacios o Mairena del Aljarafe. En algunos de estos pueblos me quedé dando clases. He dirigido mucho y dado clases en muchos sitios. Hice Amar en tiempos revueltos y decidí empezar a dar clases para mí. Creé el Laboratorio en 2012 y vamos a cumplir diez años. Ha salido gente a nivel nacional.

-¿Prefiere ser alumno o profesor? ¿Actor o director?

-Depende de lo que esté actuando y depende de a quién le esté enseñando.

-Si fuera de nuevo niño, ¿volvería a ser actor?

-Hay que estar muy loco y ser muy inconsciente. Si eres consciente, no te metes. Hay que tener una dosis de infantilidad muy grande y ser muy niño. Cuando sales a escenas, sales a jugar. Mi padre nunca se enteró que yo vivía de ese juego.

-¿Está difícil hacerse un hueco en el sector?

-He creado la compañía del laboratorio con gente que lleva formándose con nosotros seis o siete años y un gran nivel. Lo he hecho como escaparate para ellos. Entrar es muy complicado porque ya no hay castings en teatro. Aunque el teatro siempre estará. Ahora se nos ha unido la crisis económica con la sanitaria, pero el teatro lleva en crisis desde que lo crearon. Pero en el 83 había aún menos. No estaba ni Canal Sur ni televisiones privadas ni casi producciones en Andalucía. Quien se meta en esto con la idea de comer, se va a poner a dieta.

Aquí a los actores se les trata con la punta del zapato y en Inglaterra se les nombra ‘lord’ o ‘sir’

-¿Se menosprecia entonces a la cultura?

-Aquí a los actores se les trata con la punta del zapato y en Inglaterra, por ejemplo, son nombrado lord o sir. Como tengas otra ideología al gobierno que esté, te enteras. Mira Javier Bardem, que es uno de los mejores actores del mundo y algunos aquí lo pisotean. Cuando mi hija me dijo quiero ser actriz, le pregunté si no le gustaba otra cosa. Esto nos hace felices, pero hay que buscarse algo. La interpretación nos da vida y comemos del aire. Comemos de la ilusión de tener mañana un casting en el que te vas a gastar dinero en ir a Madrid y lo más probable es que no te cojan.

-Tras tantos años delante y detrás del escenario, ¿qué le motiva para seguir?

-Un motor de arranque en mí son mis padres. Yo vengo de un pueblo de 200 habitantes. Que mis padres se sientan orgullosos ha sido el motor. El poder ayudar a varios compañeros a vivir también me alimenta y me hace seguir para adelante.

-¿Les pareció bien que decidiera ser actor?

-Mi padre se negaba a que fuera actor, pero un día en el 95 en el Lope de Vega en una obra con Juan Diego me dijo que estaba equivocado y que se sentía orgulloso. Siempre los he tenido a mi lado. Ellos me ayudaron para montar el laboratorio. Son los abuelos del laboratorio.

-¿El camino ha sido difícil hasta llegar aquí?

-Yo de pequeño me apuntaba a todo y me metía en todo. Hacía bailes regionales con cuatro años. Luego me mandaron a Úbeda a estudiar y ya hacía teatro. Cuando acabé el colegio hice Formación Profesional en Radio y Televisión, donde formé parte de una promoción que estudió televisiones de válvulas cuando ya estaban las de color en todos lados. Mis compañeros y yo tendríamos que haber reclamado. Nos tuvimos que reciclar. Al terminar, vi en Telesur que buscaban estudiantes de teatro. Fui a la centralita de mi pueblo y me apunte. Mi padre me dijo si quería mili, campo o hacer ingeniería. Y cuando le dije teatro, se armó la de Dios.

-Imagino que al final le dejaron.

-Yo iba a estudiar en Bellavista y mi tío tenía un hostal cerca, frente al cortijo del Cuarto. Entonces me dejaron porque iba a estar controlado.

-¿Qué pensaba aquel chaval?

-Cuando venía en autobús de Jaén a Sevilla me ponía metas. Decidí que iba a ser uno de los 50 mejores actores de Andalucía. No sé si lo he conseguido, pero por lo menos tengo un premio de Mejor Actor de Teatro Andaluz 2017. Pero ahora mi meta es más humana y es ser querido. Lo más bonito es pasar por esta vida y que la gente te quiera.

-¿Lo está consiguiendo?

-Sí, muchísimo.

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