El brazo de Manos Limpias

Franc Miguel Bernard dirige al sindicato acusador por antonomasia.

El brazo de Manos Limpias
Paco Pardo (Efe)

15 de julio 2013 - 05:05

Franc Miguel Bernad, un funcionario jubilado de 70 años, es el brazo que mueve Manos Limpias, el sindicato que ejerce la acusación en los casos judiciales más importantes; después de casi 20 años presentando denuncias y querellas contra la corrupción, a diestro y siniestro, parece que ahora los jueces le dan más de una razón. El ingreso en prisión del ex presidente de Caja Madrid Miguel Blesa y la imputación de la infanta Cristina han puesto en evidencia que sus peticiones no caen ya del todo en saco roto, como ocurría antes, y que en algunos casos se están aceptando acusaciones que, hasta no hace mucho, casi nadie tenía en cuenta, y mucho menos los jueces. Desde su creación en 1995 han presentado una media de 80 querellas al año, que sumarían unas 1.440 desde entonces, además de cientos de denuncias. Su primer éxito público se remonta a 2008, cuando el ex presidente del Parlamento vasco Juan María Atutxa fue condenado por no disolver el grupo de electos de Batasuna (Sozialista Abertzaleak) después de su ilegalización.

¿Qué pretende Manos Limpias? "Pues regenerar el país -asegura Bernad, su secretario general- porque es una verdadera porquería; ha habido una serie de gente sin escrúpulos del sector financiero, cuyos dirigentes tendrían que estar una gran parte en la cárcel; como otra gran parte de los empresarios y de los políticos". "Lo único que queremos es que este país funcione de verdad como un Estado de derecho y que una serie de espabilados y caraduras no estén abusando a costa del resto de los ciudadanos", manifiesta.

Manos Limpias cuenta con 5.800 afiliados que pagan cuota de 60 euros al año y carece de subvenciones. "Esto me está costando dinero y mucho sacrificio", dice. ¿Y de dónde salen tantos abogados para llevar sus casos y quién los paga? La explicación, según Bernad, es sencilla: todos los letrados son de bufetes afiliados que llevan gratis los casos y la compensación que obtienen es la publicidad que su actuación les reporta para obtener otros clientes. Manos Limpias sólo tiene que pagar los poderes notariales para pleitos, que cuestan con mucho 80 euros, y las pequeñas cantidades de los procuradores.

¿Y cuando un juez les pide una fianza para personarse? Pues abren una cuestación en su página de Internet y empiezan a recibir pequeñas cantidades para hacer frente al pago. "En el caso de Oriol Pujol no podríamos estar sin la iniciativa de un empresario catalán que nos llamó y dijo: "Este no se va de rositas como el padre. Yo os pongo el dinero", cuenta Bernad. Recuerda que en el caso Nóos el juez no les puso fianza, ni tampoco en el asunto de los ERE de Sevilla, pero que en el caso de Garzón por los crímenes del franquismo se les fijó 6.000 euros y 1.500 en Gürtel. "Para Urdangarín no logramos recaudar ni un euro, pero para Garzón conseguimos reunirlo en 24 horas", dice Bernad, un bilbaíno que se licenció en Derecho en Valladolid y en 1972 obtuvo por oposición plaza de técnico jurídico en el Ayuntamiento de Madrid.

El brazo de Manos Limpias comenzó a muscularse por entonces. Todo empezó en 1982, cuando cuenta que el Ayuntamiento entonces dirigido por Tierno Galván le expedientó con seis meses sin empleo y sueldo por denunciar, como jefe de la sección de Seguridad Social del consistorio, que debían 3.000 millones de pesetas en cuotas. Y dice que después sufrió una persecución. Para "blindarse" fue representante sindical de Fuerza Nacional del Trabajo y, mucho después, se presentó en la candidatura de Frente Nacional en las elecciones europeas de 1994, organizaciones en la órbita de la Fuerza Nueva de Blas Piñar, el líder histórico de la extrema derecha española. En 1995 fundó Manos Limpias como sindicato de funcionarios, a semejanza del movimiento homónimo del ex juez italiano Antonio di Pietro, en el que se inspiró, decidió también abrir "una lucha contra la corrupción en las instituciones públicas".

Dice de su supuesta ideología ultra es el "sambenito" que le perseguirá hasta la tumba. "Ni soy ultraderechista ni lo he sido nunca", desmiente Bernad, que se define sencillamente como "conservador e independiente", que no cree en los partidos políticos "que están mandando", aunque asegura que defiende la Constitución y que no añora el pasado porque "el franquismo es historia".

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