Christina Rosenvinge. Cantante, compositora y actriz "Cantar e interpretar son de la misma familia, usas el mismo músculo"

  • La madrileña se mete en la piel de Karen Blixen en 'Karen', una apuesta "insensata y muy atractiva" que dirige la extremeña María Pérez y que se revela como uno de los títulos del año

Christina Rosenvinge, ayer en la Academia de Cine. Christina Rosenvinge, ayer en la Academia de Cine.

Christina Rosenvinge, ayer en la Academia de Cine. / David Fernández / Efe

"Karen Blixen decía que los lugares se te entregan por fin y sin reservas justo cuando has decidido marcharte", escribía Christina Rosenvinge en su libro Debut. Cuadernos y canciones (Random House, 2019). El cine ha querido que la cantante y compositora recorra, en la ficción, uno de esos escenarios que Blixen nunca dejó de amar, ese rincón de África donde tuvo una granja, y que se meta en la piel de la autora de El festín de Babette. La madrileña, de ascendencia danesa, interpreta a la escritora en Karen, una película dirigida por María Pérez Sanz y celebrada, desde su estreno ayer en el Festival de Sevilla, como uno de los trabajos más inesperados y hermosos del último cine español. Blixen, o Isak Dinesen como también se la recuerda por el seudónimo con el que firmó su obra, deja atrás los rasgos de Meryl Streep y su acento impostado en Memorias de África y posee ahora la belleza madura de Rosenvinge, y se expresa en castellano, en un relato íntimo en las antípodas del filme de Sydney Pollack que se centra en la amistad entre la baronesa y su criado Farah (Alito Rodgers Jr.). Rosenvinge, que por la pandemia no pudo asistir a Sevilla –presentó la película de manera virtual desde la Academia de Cine de Madrid–, cuenta al teléfono el entusiasmo y la sorpresa con que respondió a la invitación de la cineasta extremeña, conocida por el documental Malpartida Fluxus Village.

–Interpretar a Karen Blixen en localizaciones extremeñas, en castellano... Supongo que era una propuesta tan insólita que resultaría irresistible, ¿no?

–Sí. María me ofreció en primer lugar hacer la música de la película, y a eso accedí al momento. Nos conocimos y me gustó muchísimo ella, pensé incluso que había algo de destino en ese encuentro porque justo días antes había empezado una canción que sonaba a años 30. Dos o tres días después, María me llamó para decirme que en realidad quería que yo fuera la protagonista. Le pedí 24 horas para meditarlo y quedé con ella para decirle que no... pero empezó a contarme cómo veía el proyecto y derribó todas mis reservas de golpe. La apuesta, como dices, era muy insensata, y eso la hacía muy atractiva para mí. Se trataba de contar una historia que conocemos a través de una película muy épica y llevarla a un terreno doméstico, sin aviones, sin Robert Redford, sin jirafas... [ríe]

"Karen Blixen fue una escritora crucial en mis años de juventud, excitó mucho mi deseo de aventura"

–Aquí se lava el pelo ella sola.

–Sí [ríe de nuevo]. Aquí tenemos a una mujer enfrentándose al fracaso de su vida. Se ha apostado su dinero, y el de su familia, por una granja que ha sido una inversión totalmente fallida. Hay un dato que resulta muy simbólico: las últimas investigaciones apuntan que el primer ser humano vendría de Kenia, lo que quiere decir que el paraíso bíblico se ubicaría allí; pues bien, ella también pierde su paraíso al dejar atrás esas plantaciones. Pero lo emocionante es que tras ese fracaso surge su destino, que es el de la escritura.

–¿Cómo llevó su parte danesa el encarnar a una figura tan relevante de la cultura nórdica?

–Había ciertas conexiones curiosas entre ella y yo. Mi abuelo, por ejemplo, conocía a su hermano, pero eso tampoco es extraño en una sociedad tan reducida como la danesa. Y ella acabó de escribir Out of Africa en el mismo sitio al que yo voy en verano, donde me refugio a escribir y a componer, en Skagen, en la costa norte de Jutlandia, así que también coincidimos en ciertos paisajes. A mí, interpretar a Blixen me ha servido para conectar con una escritora que fue crucial en mis años de juventud, que excitó mucho mi deseo de aventura, que me formó un poco como persona. Darle vida en esta película me ha servido para renovar votos con ella [ríe].

Christina Rosenvinge, en 'Karen'. Christina Rosenvinge, en 'Karen'.

Christina Rosenvinge, en 'Karen'.

–La película es la historia de una camaradería, de la complicidad que entablan Blixen y su criado.

Memorias de África se basaba en el libro Out of Africa, pero no fue una adaptación demasiado fiel, nos dejó una visión romántica donde pesaba la historia de amor. Y si lees esa obra, la correspondencia o la versión que dio su hermano, lo que le rompe el corazón a Karen son los problemas económicos, la ruina que afronta, no el asunto sentimental. Y eso lo confirma ella años después, cuando publicó Sombras en la hierba. Ahí sólo habla de Farah. Dice que si piensa en los años que pasó en África hay una figura que emerge claramente, y es él, que fue su apoyo, su soporte moral y físico, su verdadero compañero. Era mucho más que un criado: estaba a cargo de la economía de la casa, tomaba muchas decisiones, ella delegaba mucho en él. Y tenían una rectitud similar, una idea del destino compartida. Era una relación interesantísima. Por desgracia no tenemos la versión de Farah, que murió relativamente joven.

–Es una relación muy pura, pero, como dice el personaje de Isabelle Stoffel, parte de un desequilibrio: ella pertenece a los colonizadores y él está a su servicio.

–Ella habla en sus escritos de su familia africana, de sus trabajadores. Hay en sus páginas una investigación antropológica que a los ojos de hoy podría ser cuestionada en algún aspecto, pero su actitud está muy por encima de otros colonos. Ella no tiene ese complejo de superioridad, ese racismo intrínseco, que sí muestran otros que están en su posición. Acepta sus privilegios de blanca, sí, pero construye las primeras escuelas, que algunos ven como una aberración, y tiene una moralidad muy estricta en comparación con los británicos, que son más libertinos... Creo que fue avanzada para el contexto en el que vivió.

"Ella conoció la ruina cuando quiso montar una granja. Pero de ese fracaso surgió su destino, la escritura"

–También es la compositora de Karen. ¿Cómo planteó la música?

–En un principio la hice sobre piano, como una banda sonora más clásica, pero vimos que había cierta falta de proporción entre esa música que resultaba más lírica y la película, que era más seca. Así que descarté parte de lo que había hecho, y empecé otra vez con guitarra española. Ha sido un proceso muy estimulante.

–Recientemente publicó un libro, Debut, que tuvo una excelente acogida, y ahora se enfrenta a su primer protagonista en el cine. ¿Siente que está en un momento de plenitud?

–Yo creo más bien que hay momentos en los que una es más comprendida que otros [ríe]. Es una cuestión de, no sé, confluencia con los tiempos. Yo veo lo de cantar y actuar como parte de la misma familia: el mismo músculo con el que interpretas en directo una canción es con el que te aprendes el texto de un personaje y lo repites en las circunstancias totalmente antinaturales de un rodaje. Se trata de conocer algo al dedillo, empaparse de ello, interiorizarlo, para luego olvidarlo todo y decirlo como si fuera la primera vez, como si estuviera sucediendo en ese momento. Es un trabajo muy bonito. Es el mejor trabajo del mundo [ríe de nuevo].

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