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Festival de Sevilla

Visiones insólitas de la fiesta mayor

  • Jesús Pascual e Hilario Abad actualizan el imaginario cinematográfico de la Semana Santa sevillana en '¡Dolores guapa!' y 'Parasceve', dos propuestas programadas estos días en el festival

Una imagen de ‘¡Dolores guapa!’, el documental de Jesús Pascual que forma parte de ‘Panorama Andaluz’.

Una imagen de ‘¡Dolores guapa!’, el documental de Jesús Pascual que forma parte de ‘Panorama Andaluz’. / D. S.

¡Dolores guapa!, de Jesús Pascual, y Parasceve, retrato de una Semana Santa, de Hilario Abad, dos películas estrenadas en la sección Panorama Andaluz del Festival de Sevilla, se mueven en los márgenes de la heterodoxia cofrade y aportan sendas miradas insólitas a la abigarrada tradición audiovisual de la Semana Santa de Sevilla.

Desde que en 1898 una cámara de los hermanos Lumière filmase el cortejo procesional de la Estrella, la fiesta mayor hispalense ha cruzado en innumerables ocasiones por las pantallas. A veces, envuelta y revuelta en los géneros ficcionales: del drama taurino clásico en la primera versión de Currito de la Cruz (Alejandro Pérez Lugín, 1926) a la alborotada comedia en El mundo es nuestro (Alfonso Sánchez, 2012); del melodrama flamenco en El alma de la copla (Pío Ballesteros, 1964) al thriller psicológico en Nadie conoce a nadie (Mateo Gil, 1999).

Mucho más a menudo, sin embargo, se ha mostrado con el dispositivo documental, heredero directo de aquellas vistas de los pioneros. Hace solo unos meses (en febrero de 2021), los investigadores Jesús Romero Dorado y Enrique Guevara Pérez localizaban el testimonio cinematográfico sonoro más antiguo, extenso y de mejor calidad conocido sobre la Semana Santa sevillana, una película de aproximadamente una hora, filmada entre 1927 y 1931, y conservada en los archivos del noticiero estadounidense Fox News. Su estreno en la ciudad fue un acontecimiento para el mundo de las cofradías. Aportaba un condensado fresco sobre una celebración que ha ido desperdigando su iconografía en millones de fotogramas, sobre todo desde la popularización del vídeo doméstico.

En la no ficción audiovisual cofrade, hay consenso en que Manuel Gutiérrez Aragón marcó un cierto canon estético en 1992 con Semana Santa. Desde la escueta transparencia de su título, esta obra magna, que contó con la producción de Juan Lebrón y el guión de Carlos Colón, se cita con el esplendor del ritual religioso sin palabras, siguiendo el orden cronológico del ritual y con el compás de una banda sonora desbordante en la que Antón García Abril interpreta algunas de las marchas clásicas con la Filarmónica de Londres.

Hilario Abad (Cádiz, 1991) y Jesús Pascual (Alcalá de Guadaira, 1997) se reconocen fascinados por la Semana Santa desde la infancia y recuerdan que la cinta de Gutiérrez Aragón ocupaba un lugar de privilegio en la videoteca de sus hogares familiares. Pero cuando ahora se han puesto delante de la cámara para acercarse al mismo objetivo, la fiesta religiosa de Sevilla por excelencia, han procurado un alejamiento del referente.

‘Parasceve, retrato de una Semana Santa’. ‘Parasceve, retrato de una Semana Santa’.

‘Parasceve, retrato de una Semana Santa’. / D. S.

En Parasceve, Abad se propuso "una búsqueda de los detalles, también de los camiones de Lipasam y los globos detrás de los pasos, de todo aquello que no es aún icónico, intentando integrar las cosas que son características de la Semana Santa pero que no se suelen mostrar en los documentales canónicos". Tiene muy claro que el filme es "una visión personal, no pretende ser un catálogo ni un vídeo promocional".Pascual va más allá en ¡Dolores guapa! y adopta un formato a medio camino entre el ensayo y el documental de entrevistas para explorar las fecundas zonas de convergencia entre la fiesta religiosa y la identidad homosexual. El director comparte un discurso que aflora a menudo en las intervenciones de los entrevistados, apropiándose de conceptos como "mariquita" o "maricón" para despojarlos de cualquier connotación negativa y definir un modo de estar, de mirar, de participar: "Me interesaba reconocer el papel que juegan muchos homosexuales en la vida de las hermandades e integrar la cuestión marica en el contexto de la Semana Santa".

Ambos reclaman las visiones más heterodoxas de la religiosidad sevillana, como la obra de Manuel Chaves Nogales o Antonio Núñez de Herrera desde la vanguardia periodística, o la de Isidoro Moreno desde la antropología. Precisamente Jesús Pascual utiliza un concepto de Moreno, "secuestro interpretativo", para reforzar su idea de cuestionar cierta uniformidad en las visiones de la cultura popular. "Cuando se habla de nuestra Semana Santa, hay que estar muy pendiente de quién dice nuestra y de quién se queda fuera de ese pronombre’, explica el director de ¡Dolores guapa!. "Ni siquiera hay que inventar un imaginario nuevo, ya existe, solamente hay que ponerle la cámara delante".

Las dos películas son, en cierto modo, hijas de la pandemia. Parasceve era un proyecto que Hilario Abad inició hace una década, cuando aún estudiaba en la Facultad de Comunicación: hizo un trabajo en vídeo para una asignatura sobre algunos de los procesos industriales que intervienen en los rituales cofrades, de la fabricación de los cirios a la importación de la bisutería. Eso le llevo a filmar algunas imágenes de las procesiones y se encontró así con un primer material que le despertó el interés por rodar más a fondo la Semana Santa, en un proceso que se prolongó diez años. La suspensión de otros proyectos profesionales en la pandemia le permitió dedicar tiempo a montar todo ese material, justo en la primavera de 2020.

Esa semana en blanco, con todos los cortejos suspendidos por las restricciones impuestas por el Covid, cambió también la expectativa de Jesús Pascual. Junto a su productor, Antonio Bonilla, decidieron hacer virtud de la carencia: en su cinta no hay imágenes en la calle, pero los testimonios y las reflexiones rezuman fervor cofrade, a veces a partir de rituales paralelos, como los pasos de juguete.

Al hablar de los referentes más directos de cada película, Abad se acuerda de Berlín, sinfonía de una ciudad (1927). Como en aquella antológica obra de Walter Ruttmann, la música tiene en Parasceve una función esencial. Las partituras compuestas por Francisco Javier Torres Simón e interpretadas por la Banda Sinfónica Municipal de Sevilla con el respaldo de algunos solistas, asumen en muchos momentos la descripción sin palabras (como en la obra de Gutiérrez Aragón). Pascual, por su parte, se remite a algunos documentales que intentaron renovar la identidad española y andaluza en los años 70 y 80, entre ellos otro título ya legendario, Rocío (Fernando Ruiz Vergara, 1980).

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