Vivencias de un perito judicial

"El perito que se deja contaminar es un sinvergüenza"

Antonio López Vázquez en la sede de su asociación Antonio López Vázquez en la sede de su asociación

Antonio López Vázquez en la sede de su asociación

Antonio López Vázquez es presidente de la Asociación de Peritos Judiciales Tasadores de Andalucía, grafólogo, gemólogo, diplomado en Criminología y perito de seguros. Estuvo 14 años en los cuerpos de investigación de la Guardia Civil y, tras pasar a la reserva, trabajó como perito judicial en los juzgados de Sevilla y Andalucía durante 25 años.

En esta entrevista rememora algunas anécdotas de su dilatada carrera de casi cuarenta años y defiende la necesidad de que el perito, incluso de parte, no se deje contaminar.

— ¿Cómo fue su paso de la Guardia Civil a los peritajes judiciales?

Yo era guardia civil, en 1979 entré en los recién creados cuerpos de Investigación y Atestados y me destinaron a la comandancia de Barcelona, donde estuve hasta 1986. En Barcelona trabajamos mucho y también enterramos a compañeros como el sargento y el guardia que fueron asesinados por los GRAPO en el barrio del Turó. En 1986 me destinaron a la Policía Judicial de Sevilla, hice el curso de grafología en Madrid y me quedé en el laboratorio de Criminalística de la Guardia Civil en Eritaña como experto en caligrafía y documentoscopia.

En 1993 pasé a la reserva y empecé a trabajar como perito hasta que me jubilé en septiembre de 2018, en total 25 años trabajando en los tribunales de todo Andalucía.

— ¿Cuántas personas integran la Asociación de Peritos Tasadores Judiciales de Andalucía?

Somos siete calígrafos en todo Andalucía y unos cien peritos de todas las especialidades, que incluyen médicos, psicólogos y psiquiatras.

—¿Cuáles son las materias más demandadas?

El 70% se lo llevan cuatro especialidades: bienes muebles, vehículos, daños en bienes inmuebles y joyas y objetos preciosos.

— ¿Cuántos informes ha podido hacer en su vida?

Solo caligráficos, unos cien al año, multiplique eso por 25 años. En la Guardia Civil hacía unos 60 al año. También he intervenido en los ERE con un informe privado que me ha pedido una de las partes.

Del estafador que se tragó su prueba caligráfica al ludópata que roba a su esposa

— Habrá tenido experiencias de todos los colores

Hubo en Sevilla un famoso estafador, que entre otros se hizo pasar por el conocido abogado Stampa Braun. Lo recogieron en el AVE en la estación de Santa Justa con una limusina, se fue de los hoteles sin pagar y vendió una finca en Lora del Río a su propio dueño.

A mi me tocó hacer los informes caligráficos. El hombre alteraba voluntariamente la prueba manuscrita pero una vez consiguieron tomarle muestras válidas. Cuando se dio cuenta, cogió el papel y se lo comió delante del juez.

También intervine en la denuncia contra un conocido joyero de Sevilla por quedarse con cuatro joyas antiguas que le llevó una clienta para arreglar. Una de ellas era una pulsera con más de 300 diamantes. El caso terminó en condena para el joyero.

— ¿Se dan muchos casos de joyas falsificadas?

Es frecuente en personas que se dan al juego. Suele pasar que la esposa hereda una colección de piezas buenas y el marido da el “cambiazo” por circonitas o gemas de menos valor. Estas cosas se suelen averiguar cuando fallece la persona, se valora la herencia y entonces se enteran de que lo que ellos pensaban que eran diamantes no lo son.

— ¿Hay mala praxis entre los peritos, a qué se debe?

Sí, y se debe a que la vida da muchas cornadas. Si alguien no tiene trabajo, se dedica a esto. A veces es un complemento para profesionales que tienen su despacho funcionando.

El perito no debe estar contaminado nunca. Entonces ya no es un perito, es un sinvergüenza. Yo he llegado a ver en un juicio penal de Sevilla un informe caligráfico de 400 folios para analizar una única firma.

—¿Hay algún perito de parte que le haya sorprendido?

En Córdoba hice el informe de una máquina de escribir que se había usado para mecanografiar anónimos obscenos. Era un matrimonio separado y él, que era abogado, fue acusado de elaborarlos. El perito contratado por la esposa dijo que, por el contenido de los textos, el autor era una persona del entorno familiar que además conocía a la pareja.

El abogado se vio en la picota y recurrió a mi. Analicé las muestras de sus máquinas y ví que no tenían correspondencia, sin entrar a valorar el contenido de los textos, que era una apreciación subjetiva.

Pedí muestras de las máquinas de escribir de la otra parte, el juez ordenó a la Policía Nacional una intervención en el despacho del suegro y de allí salió la máquina usada para los anónimos. La propia esposa se los había enviado a sí misma.

— ¿Los peritajes van por oleadas?

Sí, por ejemplo ahora en la costa de Almería se están haciendo muchos peritajes de droga y en esa  provincia han subido mucho los informes sobre  defraudación eléctrica con enganches ilegales.

— ¿Aparecen delitos nuevos?

En la Costa del Sol se dan muchos robos de joyas, en muchas ocasiones con el “abrazo cariñoso” de una mujer que se acerca a un hombre o le ofrece mantener relaciones sexuales.

En 1988 estuve adscrito 15 días como miembro del laboratorio al cuartel de la Guardia Civil de Fuengirola en apoyo de la Operación Verano y los extranjeros, que lo tienen casi todo asegurado, denuncian aquí el robo y cobran el seguro allí. Son denuncias rápidas que no se llegan a investigar a fondo.

Dos días en una caja fuerte analizando diamantes

— ¿Se asusta de lo que ve?

Yo valoré las piedras preciosas de la Operación Fénix de fraude a Hacienda por parte de joyeros de Córdoba y Barcelona. Eran zafiros, rubíes, esmeraldas y diamantes que estaban en la caja fuerte de un banco y tenían un valor inmenso. Estuve dos días enteros allí metido valorando las piedras, con la secretaria judicial y la Policía Nacional a mi lado. Eso fue en 2006 y el juicio todavía no se ha celebrado. Los diamantes eran pequeños y, como tienen conductividad térmica, saltaban al abrir los paquetes de seda y la secretaria se asustaba de que fuésemos a perder alguno.

En otra ocasión perité el collar de oro de un hombre con una estrella de David de seis puntas, pesaba 300 gramos y valía 30.000 euros. El hombre andaba encorvado.

—¿Ha valorado también piezas falsas?

En cierta ocasión el secretario del juzgado de Marchena estaba preocupado por unos anillos que tenía guardados y cuando abrió la caja fuerte le dije: “se puede tirar todo a la basura, es todo falso”.

También hice la valoración de las piedras preciosas de un caso en Málaga donde se habían emitido certificados falsos de diamantes negros. Había más de 400 piezas, me las traje al despacho y se miraron aquí todas. Resultó que solo uno entre cientos de diamantes negros era auténtico.

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