secreto de sumario

La balanza de las macrocausas

  • El escándalo del Tribunal Supremo con las hipotecas, la revisión de la condena de la Manada y las recusaciones de Bolaños y Alaya vuelven a poner el foco sobre los jueces y la Justicia

La balanza de las macrocausas La balanza de las macrocausas

La balanza de las macrocausas

El escándalo de la Sala Tercera del Tribunal Supremo con el pago del impuesto de actos jurídicos documentados que grava las hipotecas ha vuelto a sacudir la imagen de la Justicia, con su decisión de que sean los clientes y no los bancos los que abonen este impuesto. La decisión, que suponía a su vez una corrección sobre el criterio previamente fijado, se ha visto a su vez corregida por el decreto ley aprobado por el Gobierno para que sean los bancos los que finalmente se hagan cargo del impuesto.

La polémica, por tanto, vuelve a poner en la picota a los jueces y a la Justicia, algo que sucede con demasiada frecuencia y que pone en entredicho ese símbolo que representa a la Justicia, la mujer con los ojos vendados y que tiene en una mano la balanza, que significa que la Justicia trata a todos por igual; y en la otra mano una espada, que simboliza la fuerza, a los cuerpos y fuerzas de seguridad de los que se sirve la Justicia para hacer que se acaten sus decisiones.

Esta misma semana, en Pamplona, cinco magistrados se han reunido para deliberar sobre otro asunto mediático: la revisión de la condena de nueve años impuesta a los cinco jóvenes sevillanos que integran ese absurdo grupo denominado La Manada. De lo que decidan estos jueces, tanto si dejan igual la sentencia –con la condena por los abusos sexuales–, la agravan para condenar por el delito de agresión sexual que reclaman las acusaciones, o la reducen hasta acordar la absolución –como piden las defensas de los acusados–, volverán a correr ríos de tinta y a acaparar las portadas de todos los telediarios, además de la reacción que se puede volver a repetir en las calles como cuando se hizo pública la condena dictada por la Audiencia de Navarra y el voto particular del magistrado Ricardo González, a favor de la libertad de La Manada.

La balanza de la Justicia volverá a inclinarse para uno u otro lado, en función del criterio de los jueces, que son los encargados constitucionalmente para impartir una Justicia, con la que se podrá o no estar de acuerdo, pero se habrá impartido Justicia. Y si alguna de las partes discrepa, también podrá acudir a los recursos.

Al margen del asunto de las hipotecas y de La Manada, esta semana se han dictado por la Audiencia de Sevilla dos resoluciones que tampoco pueden ser desapercibidas y que afectan a la instrucción y enjuiciamiento de las macrocausas.

Ambas resoluciones han sido dictadas por los magistrados de la Sección Cuarta, quienes han resuelto las recusaciones presentadas contra las magistradas María Núñez Bolaños y Mercedes Alaya. A la primera la recusó la acusación popular que ejerce el Partido Popular en Andalucía en la macrocausa de las transferencias de financiación recibidas por la agencia IDEA, al estimar que no podía seguir investigando dicha causa porque una cuñada suya, con la que por cierto Bolaños no tiene ninguna relación, trabaja como técnico en esta empresa.

Y Mercedes Alaya fue recusada por el ex consejero de Innovación de la Junta de Andalucía Francisco Vallejo, quien entendía que esta juez, destinada en la Sección Séptima de la Audiencia Provincial, no podía intervenir en el juicio que se va a celebrar contra él por las ayudas concedidas a la empresa Servivation, una de las investigadas en la macrocausa relacionadas con los préstamos otorgados por la sociedad andaluza de capital riesgo Invercaria. Vallejo recusó a Alaya, que ha sido designada ponente de este juicio –lo que implica que será la juez que estudie el sumario en profundidad y se encargue de dictar la sentencia–, porque entendía que con sus declaraciones a la prensa y de sus intervenciones públicas, había perdido la apariencia de imparcialidad por su “antipatía y animadversión” al PSOE.

Tanto en el caso de Bolaños como en el de Alaya, el tribunal ha inclinado la balanza a favor de las magistradas, rechazando ambas recusaciones, lo que implica que Bolaños, para disgusto de los populares de Juanma Moreno, seguirá instruyendo la macrocausa de las transferencias; y lo mismo ocurrirá con Alaya, cuya intervención en el juicio ha sido avalada por el tribunal. En ambos casos, la Audiencia tiene razón y ha expuesto con claridad los argumentos por los que ha rechazado las recusaciones, que además contaban con la oposición de la Fiscalía Anticorrupción, que ejerce la acusación pública en estas macrocausas.

Expresiones "puramente especulativas" del PP

Especialmente vehemente es el auto en el que la Audiencia rechaza la recusación contra Bolaños por el Partido Popular. Dicen los jueces que algunas de las expresiones que se incluyen en el escrito planteando el incidente de recusación “resultan excesivas e inadecuadas o puramente especulativas”, pues no se acreditan, y añade que las hipótesis del PP “no se apoyan en pruebas”.

Pero lo más relevante del caso es que se trata de la segunda ocasión en la que el PP intentar apartar a Bolaños, una instructora que no les gusta para nada, de una macrocausa. Con anterioridad la recusaron en la causa de los cursos de formación, y también fracasaron. Parece que al PP no le va a quedar otra que resignarse, como también tendrá que hacerlo el ex consejero de Innovación Francisco Vallejo, quien conoce a Alaya por la instrucción que en su día hizo de los ERE –aunque Vallejo compareció primero en el TSJA y luego ante el juez de refuerzo–, en cuyo juicio por el denominado “procedimiento específico” está acusado en un banquillo en el que hay 21 ex altos cargos.

La acusación del PP tendrá que resignarse al fracasar su intento de apartar a Bolaños

En el caso de Vallejo, la Fiscalía puso de manifiesto igualmente que no había causa para recusar a Alaya, a pesar de sus “desafortunadas” declaraciones. Cierto es que el ex consejero se va a topar con una ponente para el juicio de Servivation muy exigente, pero también lo es que en la decisión que finalmente adopte el tribunal intervienen otros dos magistrados.

También es lógico que el ex consejero haya intentado apartar a Alaya del proceso, puesto que en su etapa de instructora de las macrocausas se mostró muy crítica con la actuación de los ex consejeros y los miembros del Gobierno andaluz. La balanza de las macrocausas se inclinará en ambos casos para donde tenga que hacerlo. Y si no se está de acuerdo con el fallo, siempre queda la vía de los recursos.

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