Patrimonio histórico

Condenado a un año de cárcel por el expolio de un acueducto romano en Osuna

La imagen que difundió la Guardia Civil tras la denuncia del expolio.

La imagen que difundió la Guardia Civil tras la denuncia del expolio. / D. S.

Un juzgado de lo Penal de Sevilla ha condenado a un año de cárcel a un vecino de Osuna por el expolio de un yacimiento arqueológico, en concreto un acueducto romano del que se llevó varias centenares de ladrillos que usó para rehabilitar su vivienda, y además la sentencia le impone la realización de acciones "encaminadas a la restauración del bien dañado" por un importe de 54.308 euros.

La sentencia declara como hechos probados que el acusado a finales de noviembre y principios de diciembre de 2015 acudió al paraje "Cortijo de Girón" en la localidad de Osuna, en concreto, al cauce del río Blanco, donde se ubica una estructura hidráulica de la época hispanorromana datada en el siglo I después de Cristo, integrada por los castilletes de dos norias y el "especus" de la canalización de unos 25/30 metros, tipo "rota aquaria", única en Andalucía por sus características globales e igualmente prácticamente sin comparativa en el resto de España.

El acusado, prosigue el fallo, de modo indiscriminado durante un periodo de tiempo indeterminado, pero en esas fechas "comenzó a extraer de la estructura sus diversas piezas en forma de ladrillos llegando en algunos casos a cortarlas para hacer trozos más pequeños e integrarlos en el interior de su vivienda" en Osuna como parte de la estructura arquitectónica de la misma, para lo cual empleaba una máquina de corte al agua.

De la misma forma, el acusado tenía deposita en las instalaciones en desuso de una empresa a cinco kilómetro del yacimiento y bajo arena a fin de no ser descubierta, un depósito de 31 piezas de barro (medios ladrillos) y otras ocho piezas más entre los depósitos de fertilizantes, también ocultos.

Cuando se descubrió su actuación, entregó a la Guardia Civil hasta 90 piezas cortadas que correspondían a 15 ladrillos procedentes del yacimiento y que conservaba en su domicilio. También le indicó a los agentes dónde podrían encontrar más depósitos de piezas procedentes del yacimiento y así la unidad del Seprona halló entre enero y febrero de 2016 un total de 43 ladrillos de barro y dos piezas compuestas por dos ladrillos y un medio unidos, por un lado, y en zona próxima a la antigua chatarrería 108 ladrillos de barro y ocho medios ladrillos. Todos los efectos procedentes del yacimiento fueron depositados en el Museo del Ayuntamiento de Osuna, siendo reconocidos como originarios del mismo, y el valor destinado a restaurar el yacimiento arqueológico dañado se ha cifrado en 54.308 euros.

Durante la fase de instrucción, el acusado reconoció haber recogido entre 30 o 40 ladrillos del yacimiento que se encontraban esparcidos por la zona y a los que no otorgó ningún valor, atribuyendo el expolio a terceras personas que supuestamente contactaban con él telefónicamente y le indicaban el lugar en el que se encontraban los ladrillos, pero según el juez no ofreció razón sobre la identidad de estas personas y "un razonamiento ciertamente débil en torno al mecanismo por el que estas personas contactan con él". Y en el juicio se acogió a su derecho a no declarar, si bien en el ejercicio del derecho a ultima palabra  negó vehementemente ser el autor del expolio.

El juez de lo Penal 11 considera al acusado responsable del expolio y recuerda que incorporó los ladrillos a su vivienda, al tiempo que entiende que conocía su valor "como no podía ser de otra manera, pues en otro caso no se entendería la incorporación de elementos constructivos de casi 2.000 años atrás. Lo lógico hubiera sido la compra de ladrillos actuales y con garantías", asevera.

Además, el juez recuerda que en la zona expoliada se halló una cajetilla de tabaco de la marca que fuma el acusado y al desarrollar éste actividades propias de construcción permitía "atribuirle la colocación de unas ventanas en el arroyo para acceder a la zona arqueológica", lo que se transforma en un "indicio racional de criminalidad" cuando los agentes del Seprona observan la existencia de ladrillos procedentes del yacimiento que había empleado en la rehabilitación de su vivienda, tal y como el acusado reconoce.

El jue le condena por un delito contra el patrimonio histórico, en concurso medial con un delito de hurto, en el que aprecia una circunstancia atenuante de dilaciones indebidas.

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