Estafa inmobiliaria Condenado por estafar a Fidel Albiac y otros cuatro compradores

  • Pagará 299.890 € a la constructora, que solo cobró una certificación pero dejó la obra terminada al  95%

  • Fidel Albiac será indemnizado en 102.172 euros

Unos pisos en construcción Unos pisos en construcción

Unos pisos en construcción / Josué Correa

La Audiencia de Sevilla ha condenado a 21 meses de cárcel a un promotor inmobiliario por un delito de estafa en la construcción de unos pisos en Sevilla, uno de cuyos compradores fue Fidel Albiac, esposo de Rocío Carrasco Mohedano.

El acusado Jorge M.S., de 51 años, era director de la oficina en Sevilla de una constructora catalana pero tenía plenos poderes para actuar en su nombre e incluso para disponer de los fondos de sus cuentas en varios bancos, según la sentencia facilitada a este periódico por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA).

En 2001, como representante de la empresa, compró una finca en Sevilla por 87 millones de pesetas, elaboró un proyecto para la construcción de ocho viviendas y otras tantas plazas de garaje y demolió la edificación que existía previamente.

Sobre dicha parcela y proyecto, la empresa obtuvo de Unicaja un préstamo al promotor con garantía hipotecaria por importe de 230 millones de pesetas, entre cuyas condiciones estaba la de aperturar una cuenta especial.

Para construir los pisos, la empresa representada nuevamente por Jorge suscribió en julio de 2001 un contrato con una empresa constructora en el que se fijó como forma de pago el abono parcial contra las certificaciones que fueran emitidas.

Pero el acusado solo pagó una primera certificación de 20.307 euros y dejó a deber un total de 299.890 euros que ahora deberá abonar, incrementados en los intereses legales.

Jorge M.S. llegó a acudir con el representante de la constructora al banco, donde el director confirmó que existía un préstamo de esas características y con tales argumentos consiguió que la constructora siguiera el trabajo hasta alcanzar un porcentaje de ejecución del 95%.

El condenado no empleó los fondos que recibía para pagar las certificaciones pendientes sino que los traspasó a una cuenta bancaria ordinaria y disponía de ellos “para otros usos”. Dicen los jueces que no consta el “destino real” de esos importes salvo que no fueron empleados en la promoción.

En el juicio, la defensa sostuvo que el acusado “carecía de toda capacidad de decisión" y que actuaba por orden de “terceras personas a las que genéricamente identificaba como Barcelona por su ciudad de origen”.

La sala “no duda de la existencia de esas personas” e incluso que una de ellas puede ser el acusado huido de la Justicia Francisco Javier N. A., socio mayoritario y administrador único de la mercantil, así como “el llamado Luciano V., que llego a viajar a Sevilla en alguna ocasión”, según algunos testigos.

Pero la sentencia dice que “hoy no se enjuicia a esas personas y que existieran y que pudieran haber tenido un papel relevante en todos estos hechos no es suficiente para excluir la voluntariedad consciente del  acusado”.

Este fue “una pieza clave sin la cual difícilmente se habría llegado a producir el delito“, y no se le puede considerar “un mero instrumento involuntario e ignorante de lo ocurrido“, según la sentencia.

La Audiencia le condena por un delito continuado de estafa, agravado por el valor de la defraudación y con la atenuante de dilaciones indebidas. El promotor deberá indemnizar a la empresa constructora en 299.890 euros, a Fidel Albiac en 102.172 y a los restantes compradores en cantidades que oscilan entre los 5.159 y los 28.387 euros.

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