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Monkey Week en el Teatro Alameda

Cumbre de cuadrúpedos

  • Perro, Pony Bravo y Toundra ponen el brillante colofón en el escenario principal del festival

Tercera y última jornada de la X edición del Monkey Week y la expectación se palpa a las puertas del Teatro Alameda, con el respetable haciendo cola desde bastante antes de la apertura. No es para menos, la triple apuesta concentra nombres de peso, en mayor o menor medida, de esos que han esquivado convenciones para recorrer su propio camino.

¿Qué, si no, es Perro? El atípico cuarteto murciano, con dos bateristas, dio la campanada en 2013 en la escena independiente nacional con la edición de Tiene bacalao, tiene melodía, un álbum donde se turnaban arrolladora potencia melódica -ah, La reina de Inglaterra...- y salidas de tiesto en clave kraut -Marlotina; cayeron ambas, por supuesto-. A partir de ahí, dos discos más -descontando el recopilatorio de maquetas Singles brasileñas- muestran un proceso de crecimiento creativo que de seguro todavía nos va a deparar grandes sorpresas. Tantas, probablemente, como las que nos regala su abrumador directo, con los miembros del grupo intercambiando a menudo instrumentos frente a una pantalla que no cesa de volcar visuales bienhumoradamente ácidos.

Es el último concierto del año enmarcado en la gira del fenomenal Trópico lumpen, cumbre perra, y la banda se entrega a conciencia a una audiencia felizmente vapuleada por esa incontenible sucesión de, permítame, temazos: Celebrado primo, Por mí, lo que veáis, Supercampeones, Pickle Rick, Disco mascota... Se les pide bis, pero es la única dicha que no nos conceden en un concierto tan salvaje como impecable.

"Nosotros hemos crecido en paralelo al Monkey", no se ha cansado de repetir en los últimos meses Pablo Peña. Y, ciertamente, así es. Pony Bravo -también Perro, también Toundra, también decenas de las bandas que han llenado de música y actitud el cartel de este aniversario de recapitulación- encontró en el festival, siempre atento, un temprano escenario para su singular propuesta, ésa que, más allá de lo estrictamente musical, marcó además un antes y un después en el modo de hacer para la escena local. Eso es así por más pelusilla que levante recordarlo.

La vuelta de Pony Bravo al Monkey tiene mucho de acontecimiento. Sin nuevo trabajo desde 2013, demorando la entrega de ese esperado cuarto álbum que nos avanzan a cuentagotas, hay ganas de comprobar por dónde van los tiros. Sin embargo, sobre las tablas se van a mostrar parcos con el nuevo material y apenas suenan Rey Boabdil, Espectro de Jung y una canción -"todavía sin título", avisa Peña- que confirma la impresión de que el dub representa un papel troncal en el disco de nunca acabar.

Con el productor Raúl Pérez, el quinto pony, entrando y saliendo del escenario, el concierto se convierte así en un repaso al celebrado repertorio de la formación, siempre efectivo. No obstante, tras el aluvión visual de Perro, servidor no entiende bien que los sevillanos no usen la pantalla de proyección, sobre todo teniendo en cuenta que los vídeos de Daniel Alonso hace ya mucho que juegan en primera división.

Colofón a la velada, Toundra, otra banda mimada por el festival desde sus comienzos, despliega sobre el escenario ese arsenal arsenal post-rock cultivado a lo largo de cinco álbumes que ha sabido encontrar a su público tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Quizás se les pueda objetar que la fórmula resulta hoy en día un tanto gastada, pero ése es un reproche que nada importa para quien disfruta del género y agradece una ejecución intachable. Y la de los madrileños, qué duda cabe, lo es.

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