CONCIERTO Concierto de AC/DC en Sevilla, todos los detalles

CUARTETO JORDÁN | CRÍTICA

Cuatro son multitud

Cuarteto Jordán

Cuarteto Jordán / ACTIDEA

Con una notabilísimo retraso de mes y medio que aún no ha sido explicado por el Patronato del Alcázar y que va a obligar a prolongar el ciclo hasta fechas tan poco apropiadas para el aire libre como la primera quincena de octubre, la cita musical del verano sevillano por excelencia comenzó en lo que a Clásica se refiere con este joven cuarteto de cuerdas en la primera de las noches en las que se homenajeará, entre otros, a Camille Saint-Saëns en el centenario de su fallecimiento.

En su libro sobre el cuarteto de cuerdas, Cibrán Sierra (primer violín del prestigioso Cuarteto Quiroga) narra la cantidad de tiempo de ensayos y pruebas que necesita una formación como ésta antes de presentarse ante el público con un mínimo de solvencia. Son muchas las cuestiones que hay que discutir, debatir, concertar y poner en común. Hablamos de cuestiones como la articulación, el nivel de vibrato, la energía de los ataques, las acentuaciones compartidas, etc. Mucho me temo que esto es lo que ha fallado en este Cuarteto Jordán, al menos a juzgar por la decepcionante presentación en el Alcázar. No había, especialmente en el cuarteto de Saint-Saëns, un mínimo de unidad en el sonido, que se debatía entre el frágil, quebradizo y poco afinado del violín primero, la inestabilidad tonal de la viola y la escasa relevancia del violonchelo. El nivel de vibrato era desigual (mucho más acusado en los violines) y los pizzicacti del tercer movimiento sonaron con intensidades desiguales. A todo esto hay que añadirle una absoluta falta de variedad en los acentos y en los ataques, con el resultado de una versión plana, sin garra ni pasión, lo que es muy grave tratándose de una obra tan apasionada como ésta.

Por las mismas sendas discurrió la versión del cuarteto de Ravel (del que no se tocó el tercer tiempo), con trémolos sin garra y desafinaciones del violín segundo y la viola en el primer tiempo. Sólo en el Vif et agité final emergió algo de energía en los ataques y en los acentos y un sonido más empastado.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios