TRÍO AD PARNASSUM | CRÍTICA Beethoven de andar por casa

Trío Ad Parnassum.

Trío Ad Parnassum. / ACTIDEA

La imagen más extendida de Beethoven que se ha construído desde sus mismos años de existencia y a través de sus amigos y primeros biógrafos es la del genio rebelde contra el Universo, contra la adversidad, contra las normas sociales, contra los estándares musicales de su época. La del titán que impone su genialidad sobre una sociedad que se rinde indefectiblemente ante su energía y su creatividad.

Es una imagen romántica y, como en todos los casos de construcción de un mito, siempre hay una parte de verdad y otra de mistificación. El Beethoven huraño y en permanente conflicto con los demás (quizá más propio de sus años finales) oculta al Beethoven que no tiene más remedio que plegarse ante los poderosos para conseguir sobrevivir económicamente, el Beethoven que compone también piezas de entretenimiento, de encargo, ligeras y de consumo de un público muy extenso. No hay más que darse un paseo por el catálogo de su obra, sobre todo por las clasificadas como WoO (Werke ohne Opus, es decir, Obra sin número de opus) para encontranos con cantidad de obras de circunstancias y de consumo social. Es el caso de las dos obras que el Trio Ad Parnassum interpretó, obras casi adolescentes escritas en Bonn para solaz de sus patronos y que los intérpretes abordaron desde esa perspectiva. Es decir, desde el carácter amable de sus orígenes, si bien en el caso de la obra anterior de Haydn y en momentos de las de Beethoven faltó una articulación más marcada, más picada y una mayor atención a los contrastes y las acentuaciones.

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