El caballero indeterminado | Crítica de teatro Un juglar para un(a) hermafrodita

Magdalena se convierte en Gaspar en la novela de Arsenio Moreno.

Magdalena se convierte en Gaspar en la novela de Arsenio Moreno. / Rafael Núñez Ollero

Con las entradas agotadas para las dos funciones programadas, La Fundición acogía el jueves el estreno absoluto de El caballero indeterminado y, con él, la inauguración de un Festival de Cultura con Orgullo que, dirigido por nuestro compañero Javier Paisano, este año alcanza ya su quinta edición.

En El caballero indeterminado se han unido numerosas bazas: una novela de éxito del historiador Arsenio Moreno, una compañía histórica sevillana, La Tarasca, y un actor tan querido y admirado en esta ciudad como Juanjo Macías.

Este, con la única y nada despreciable compañía de José Manuel Vaquero, que pone música a la pieza, es el encargado de contar en primera persona la historia (real por cierto) de Magdalena, una niña a la que sus padres campesinos metieron a monja hasta que un accidente la convirtió en varón a la edad de 28 años.

Un caso de hermafroditismo no demasiado frecuente, pero documentado en distintas épocas de la historia de España y que, en la narración de las aventuras de Magdalena versus Gaspar, no ocupa el lugar generador de emociones y desdichas que habría cabido esperar.

Junto a El Brujo y a otros pocos actores-juglares, Macías es uno de los actores más idóneos para este trabajo y, con su voz poderosa y su gestualidad, realiza un enorme esfuerzo para adentrarse en otros registros en lugar de explotar la magnífica vis cómica que lo caracteriza.

Pero una autobiografía, lógicamente, carece de una estructura teatral al uso y no contiene en sí misma tensión dramática alguna. Solo José Manuel Vaquero, pasando de un sombrero a otro, y de este a una toca, le da la réplica de vez en cuando, remedando cómicamente desde el teclado a un buen número de personajes.

Juanjo Macías durante el estreno de la obra en La Fundición Juanjo Macías durante el estreno de la obra en La Fundición

Juanjo Macías durante el estreno de la obra en La Fundición / Javier Rojas

Fundamental se presenta, a este punto, la labor de la dirección a la hora de buscar acciones que sorprendan al espectador y eviten esa monotonía en la que, sin embargo, cae el espectáculo. En este, el movimiento se reduce a unas repetidas idas y venidas del protagonista del proscenio a la parte trasera del escenario donde, sobre unas cajas de madera, encuentra unas pocas prendas de vestir con las que Gaspar va ilustrando sus andanzas.

Ramón Bocanegra, autor de la adaptación y la dirección, tendrá pues que darle otra vuelta de tuerca al espectáculo para que no se le escape el espectador en ningún momento de la hora y media que dura la función.

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