Festival de la Guitarra | Crítica Estrenos, arcaísmos y nostalgias

El compositor y saxofonista suizo Bardia Charaf El compositor y saxofonista suizo Bardia Charaf

El compositor y saxofonista suizo Bardia Charaf / Beat Pfaendler

El compositor y saxofonista suizo de origen iraní Bardia Charaf (Zúrich, 1982) presentó como estrenos absolutos un par de ciclos de canciones sobre poemas del cubano Royds F. Imbert. El primero, titulado Tapis de Lumières, fue interpretado por el Trío Farfalla; el segundo, Pregón de un cantante vagabundo, por un conjunto suizo de música antigua, el Ensemble Ad Fontes, que añadió una fantasía a 4 para violas de Moulinié (con el violín como voz superior), un air de cour de Guédron arreglado para una flauta dulce contralto como voz melódica y un par de célebres canciones tradicionales francesas (Le Roy a fait battre tambour y Quand je menais les chevaux boire).

Charaf emplea en su música recursos intencionadamente arcaicos. La armonía es esencialmente modal, lo que unido a un exquisito cuidado en la tímbrica y un intencionado estatismo expresivo, hace remitir algunas de las  canciones al universo de la mélodie francesa de principios de siglo. Es el caso de Tes Miroirs o L'hivresse. Al compositor le gusta incorporar también elementos de la tradición de Oriente Medio, y por eso el violín se dedica a menudo a hacer bordones y en cualquiera de los instrumentos (con menos frecuencia en la voz, que a veces recurre también a la declamación) puede aparecer de repente un floreo típico de la ornamentación oriental. 

La mezzo Elisabeth Irvine fue una intérprete espléndida de las canciones, y ello desde un arranque muy complicado, ya que la primera canción de Tapis de Lumières (Pourquoi?) no tiene acompañamiento. Con voz tersa y homogénea y fraseo delicadísimo fue desgranando unas melodías entre estáticas y sensuales, entre nostálgicas y extáticas, siempre bien arropada por sus compañeros. Suganuma tocó además Noche sevillana (pieza instrumental para guitarra sola, a modo de interludio, del ciclo) con magnífico pulso y sensibilidad.

En la segunda parte, el ciclo Pregón de un cantante vagabundo estaba dedicado a un conjunto de música antigua de apreciable riqueza tímbrica (además de los dos cantantes, flautas dulces, un violín, dos violas da gamba, violone, archilaúd, arpa y una darbuka, que tocaba el propio Charaf). Al compositor no le resulta difícil disfrazar su estilo al contacto con los instrumentos barrocos, de forma que todos los elementos del ciclo de la primera parte eran aquí reconocibles, si bien ahora disponía de una más amplia paleta de colores. Apoyado en ese juego con la sugerencia de los timbres, en especial los de sonoridades más etéreas (violas, archilaúd, arpa...), Charaf repite, además del modalismo, su tendencia a crear estructuras musicales más bien estáticas, con melodías sugerentes que a medida que avanza la interpretación empiezan a resultar un tanto repetidas. 

Después de un bloque de piezas francesas de finales del Renacimiento, otras tres obras más del compositor suizo alargaron el concierto más allá de lo razonable, aunque aportaron algunas notas nuevas al estilo del músico, un tratamiento armónico y de la disonancia más cercano a las vanguardias, aún sin salirse de un lenguaje básicamente tradicional, sometido a las reglas de las jerarquías entre notas.

En Pregón de un cantante vagabundo, Alberto Arcos ofició de recitador y actor de forma magistral y el Ensemble Ad Fontes mostró ese magnífico nivel medio que han conseguido tantos grupos barrocos europeos. Fraseo claro y bien articulado y buen tratamiento de los contrastes, so pena de una cierta homogeneidad dinámica (quizás estuviera en la propia música de Charaf). Especial mención merece Charlotte Nachtsheim, cantante de voz limpia, sin vibrar, y muy expesiva, que además se acompañaba al arpa. En cambio, el barítono Sebastian Mattmüller mostró línea vacilante y entrecortada; sus intervenciones en las canciones tradicionales francesas causaron más problemas que beneficios al grupo. Muy sensual el violín de Mojca Gal y de gran virtuosismo y gran plasticidad en el fraseo la flautista Anne Simone Aeberhard.

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