Aprender a leer en la era de los móviles

Literatura portuguesa

Obras como 'El reino' o 'Una niña está perdida en el siglo XX' han situado a Gonçalo M. Tavares entre los grandes

Gonçalo M. Tavares, fotografiado en la última edición de la Feria del Libro de Sevilla.
Gonçalo M. Tavares, fotografiado en la última edición de la Feria del Libro de Sevilla. / Juan Carlos Muñoz

Al principio de Aprender a rezar en la era de la técnica, el joven Lenz es presionado por el padre para que se acueste con la criada. "Vas a tirártela delante de mí", repite el progenitor. Una escena más tarde –en la novela han pasado diez años–, aquel muchacho ya es un hombre que, entregado al ejercicio de la caza, no acierta de pleno en su disparo. "Había logrado herir al enemigo, pero no eliminarlo. Aún no podía comérselo", dice el narrador. Poco después, el protagonista invita a un mendigo a su casa y, delante del vagabundo, tiene sexo con su esposa, una práctica que frecuentará a partir de entonces el personaje. Gonçalo M. Tavares (Luanda, 1970) posee una voz implacable y perspicaz que no teme incomodar a sus lectores: El reino, la tetralogía que incluye los títulos Un hombre: Klaus Klump, La máquina de Joseph Walser, Jerusalén y la mencionada Aprender a rezar... es la más desalentadora y certera aproximación al mal –a la violencia, la guerra, los abusos del poder– que podría escribir un autor, que, como dice Enrique Vila-Matas "de lo abrumadoramente político que era, acababa por no parecerlo nada".

Tavares fue esta primavera uno de los invitados a la Feria del Libro de Sevilla, una cita que tuvo a Portugal como protagonista y a la que se acercaron otros creadores como Jose Luís Peixoto, Dulce María Cardoso y Lídia Jorge. Entonces, el narrador mostraba su interés en la deshumanización, en "cómo las sociedades convierten a los hombres en objetos. Las instituciones, las clínicas, las cárceles, son espacios que neutralizan el crimen y la locura, pero también destruyen la energía que hay en las personas, como si un criminal no tuviera nada más aprovechable que su agresividad o un loco no pueda dar más de sí que su locura".

"No situé 'El reino' en un país concreto porque iba a parecer que el resto de Europa es buena... y no es así"

El novelista, uno de los valores indiscutibles de la literatura lusa, publicado en más de 50 países y editado en España en los últimos años por Seix Barral, no quiso situar la acción de sus obras en ningún espacio concreto. "Podía haberlo hecho en Alemania, o en Polonia, pero eso habría sido engañoso: parecería que el resto de Europa es muy buena, y no es así. Todos los europeos, los seres humanos, vamos en el mismo barco, el de la maldad... y el de la bondad, aunque quizás este último sea un barquito", comenta con ironía.

Pese a los temas en los que se adentra, Tavares, al que Alberto Manguel definió como "uno de los escritores más ambiciosos de este siglo", dispone un festín de inventiva y talento en cada uno de sus libros. También en Una niña está perdida en el siglo XX, el emocionante e insospechado encuentro de dos extraños –un hombre y la niña del título– que inician un viaje y aprenden a manejarse en la vida. "Es un libro más afectivo, sí", concede el autor sobre una obra en la que ha volcado "algo de mi experiencia. Doy clases y trabajo con personas con discapacidad y con ellos se da una contaminación muy interesante: en su entorno, por ejemplo, hay menos espíritu competitivo".

Gonçalo M. Tavares.
Gonçalo M. Tavares. / Juan Carlos Muñoz

Tavares firma también una propuesta amable y llena de humor en la que confirma su asombrosa versatilidad, El barrio, en la que bautiza a distintos personajes con el nombre de sus escritores favoritos, Valéry, Brecht, Juarroz o Calvino, entre otros. "Yo no soy un político y no puedo dedicarles una calle, mi labor es crear. Son autores que me han dado mucho y quiero devolvérselo: no cuento sus biografías, pero ellos sí están en el tono de las historias", analiza.

La libertad que respiran sus textos procede del método con el que Tavares escribe, sin partir de una planificación que acote en exceso el desarrollo. "Todos mis libros son muy intuitivos, suelen nacer de una imagen. Aprender a rezar en la era de la técnica surgió por la visión de alguien rezando al lado de una máquina: a veces se oía más la máquina, a veces el padrenuestro. Al final no utilicé esa escena, pero el germen de aquel proyecto fue ése", explica.

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