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Beber o no beber, esa es la cuestión

  • Sigue la fiesta de celebración del 120º aniversario del nacimiento de Ozu con el estreno de la versión restaurada en 4K de ‘Las hermanas Munekata’ (1950) en un pase exclusivo en Cines Avenida.

Si bien se trata el cuarto filme de Yasujiro Ozu rodado después de la II Guerra Mundial tras Historia de un vecindario, Una gallina en el viento y la deliciosa Primavera tardía, en esta ocasión no en su casa habitual Shochiku sino para el nuevo estudio Shintoho, Las hermanas Munekata deja ver y oír como pocas películas de su filmografía ese tránsito y ese debate entre el viejo y el nuevo orden que define buena parte del último tramo de su carrera. Las dos hermanas hijas de un viejo doctor desahuciado (de nuevo Chisu Ryu) representan cada una dos modelos, el de la mujer presa de las tradiciones y las convenciones sociales (Kinuyo Tanaka, casi siempre vestida con kimono y de gestualidad contenida), y el de aquella otra extrovertida y expresiva moga (modern girl) que mira hacia el futuro, Occidente y la modernidad (Hideko Takamine), en un país que ha sufrido drásticas transformaciones durante la guerra y, sobre todo, tras los cinco largos años de protectorado militar norteamericano.

De nuevo tenemos aquí una familia separada, una madre ausente, un padre que vive su retiro y su nostalgia en Kioto mientras que sus dos hijas, una infelizmente casada con un ingeniero desempleado y la otra en plena efervescencia vital y entusiasmo por lo nuevo, viven y trabajan en Tokio en el bar (Acacia) que regenta la primera mientras su marido (So Yamamura) arrastra las secuelas de la contienda entre el alcohol y la depresión.

Ozu pone el contador del fin de una época ya en la primera escena del filme, cuando se nos avisa de la enfermedad terminal del padre. Las hermanas Munekata se abre irremediablemente a ese paso del testigo generacional y a los caminos bifurcados que ambas hermanas deciden tomar hacia el futuro. Parece evidente que Ozu habla a veces por boca del patriarca, que dice echar de menos “la belleza del Japón antiguo de los templos y los jardines”. Pero el director de Cuentos de Tokyo también sabe entender y acompañar a esas dos hijas y sus diferencias, ese amor de juventud reaparecido (un anticuario recién llegado de Europa interpretado por Ken Uehara) que ahora se rememora tras las páginas secretas de un diario espiado, esos gestos y tics infantiles de la hermana menor que es capaz de sobreactuar su enamoramiento del hombre deseado por ambas para lanzarlo a los brazos de su desdichada hermana, incluso a ese pobre perdedor acodado en la barra de un bar solitario que bebe sake hasta la muerte consciente de su propia cobardía.

Poco vista y considerada entre el corpus de Ozu, Las hermanas Munekata adaptaba una novela reciente de Jiro Osaragi con unos componentes melodramáticos tal vez demasiado acentuados para el gusto del propio cineasta, que hizo pulir a su guionista habitual, Kogo Noda, todo aquello que desprendía aroma a folletín familiar. A pesar de todo, tal vez se trate de su película más dramática del periodo, o al menos la que reúne a mayor número de personajes deprimidos, frustrados, inadaptados o insatisfechos, también a los hombres más débiles de un universo donde las mujeres son las depositarias de las decisiones que terminan impulsando el relato hacia una salida emancipadora.

Estamos también ante un nuevo filme de Ozu con curiosas referencias a nuestros Quijote y Sancho. En el bar que regenta la hermana mayor puede leerse en la pared el lema “I drink upon ocassion, sometimes upon no ocassion”, algo así como “a veces tengo un motivo para beber y otras no”. Tal vez conviene recordar la afición al sake de Ozu y su particular método de escritura junto a Noda medido en el número botellas vacías que iban dejando en la puerta de la cabaña donde se reunían concentrados a la tarea. Sobrevuela sobre estas Hermanas Munekata, nos lo recuerda Antonio Santos, un cierto sentimiento trágico de la vida que se infiltraba poco a poco desde Occidente en aquel Japón cambiante del que Ozu fue tal vez el mejor y más depurado cronista y que esta hermosa película como todas las suyas traza desde la intimidad del gesto y la complicidad de dos hermanas que terminan entendiéndose e impulsándose la una a la otra.  

 >Las hermanas Munekata’ (1950)’, de Yasujiro Ozu, se proyecta hoy en una copia restaurada en 4K en un pase único en Cines Avenida a las 19:00h.

Cine de aventura y riesgo en la alta montaña

El European Outdoor Film Tour (EOFT), el festival de cine de montaña, llega ya a su cuarta edición española. Un evento dedicado a las películas y documentales de aventura y deporte al aire libre con historias únicas, peculiares protagonistas y espectaculares paisajes desde los rincones más salvajes del planeta.

El programa de este año, que podrá verse en Sevilla en los cines MK2 Cinesur Nervión durante los días 21 y 22 de febrero, incluye seis cortometrajes documentales: en The great traverse, Sophie Planque y Jérémy Vaugeois hacen su particular viaje por América en bicicleta desde Alaska hasta Tierra del Fuego; en Triple edge, los guías de montaña y alpinistas Michi Wohlleben y Lukas Hinterberger se proponen realizar la primera ascensión de las tres crestas del Salbitschijen en pleno invierno; 972 breakdowns pone sidecar a las motos de cinco amigos en ruta a través de Europa del Este, Kazajistán y Mongolia hasta el extremo norte de Rusia;  en The nine wheels, una familia aventurera desafía la enfermedad neurodegenerativa de la madre; en Summit in the sky, el parapentista Antoine Girard se dirige hacia el Karakórum y explora el espacio aéreo entre las cumbres de ocho y siete mil metros; y en Shifting, seguimos al snowboarder Camille Armand tras abandonar el circuito de freeride y volver a los Alpes noruegos.