Alegrías swing

XXVIII Festival de Jerez | Tres piezas

Karen Lugo, Chicuelo y José Maldonado en los Museos de la Atalaya de Jerez.
Karen Lugo, Chicuelo y José Maldonado en los Museos de la Atalaya de Jerez. / Tamara Pastora/Festival De Jerez

La ficha

**** XXVIII Festival de Jerez. 'Tres piezas'. Baile, coreografía y dirección: Karen Lugo, José Maldonado. Guitarra y composició musical: Chicuelo. Lugar: Museo de la Atalaya, Jerez de la Frontera. Fecha: sábado, 24 de febrero. Aforo: Lleno.

Una coreografía muy compleja que apenas deja espacio para respirar, ni a los intérpretes ni al público. Chicuelo va a su bola con un toque contemporáneo pero clásico en tanto que los bailaores presentan una propuesta muy percusiva, de ceño fruncido, de golpes y zapateado feroz. Una tarde para la ira que, de repente, desemboca en unas alegrías swing que nos recuerdan a Ginger y Fred. Por la complicidad de los intérpretes. En realidad, toda la propuesta es un largo paso a dos, no hay solos, y esta es una de las originalidades de Tres piezas. Con pasajes de ingenio y otros de enorme exigencia física. Pero volvamos a las alegrías: también nos ayuda a creer que hemos ingresado en una película de la RKO de los años 30 el colorido en blanco y negro, que hasta ahora se aparecía gris. Los intérpretes, al fin, se miran, sonríen cómplices. Por la larga ovación que sucede a las alegrías diríase que el público se siente más cómodo aquí. Hasta ese momento nos habíamos quedado presos en una mirada, en un gesto. Porque ya no queremos más dramas contemporáneos. Para eso tenemos los informativos. La obra da un paso adelante en la taranta de Chicuelo, a pesar de que tiene que tocar mientras le mueven la silla en la alfombra arrastrada. Y luego la bulería: ahí los dos bailaores también hacen no pocas monerías, pero en este caso están al servicio de la música. Veo unas palmas coreografíadas, de la misma manera que veo un baile en tirantes, blancos o negros. Pudorosos, los intérpretes nos dan la espalda para cambiarse de ropa. Pero aquí la obra empieza a cobrar color, que culmina en el garrotín, que se presenta como bis, pero que es la culminación de la propuesta y donde, al fin, la sonrisa es franca. Porque al final de las alegrías había habido un pequeño revuelo en el escenario, un gesto de ironía, no se vayan a pensar ustedes que nosotros somos de esos infelices felices. Pero en el garrotín se cae la máscara y Chicuelo toca y canta, y Lugo y Maldonado bailan, para hacernos sonreír, reír. Pero no se vayan a pensar ustedes. Chicuelo es el tercero en discordia, pero hay un final feliz ¿Y las sillas? Bueno, también la guitarra se convierte en un elemento más de la escena y es un momento de enorme sensualidad. ¿Y las sillas? En las universidades del futuro estudiarán algún día la función de las sillas en la danza flamenca contemporánea. Una partitura coreográfica muy exigente que, en determinados pasajes, no deja espacio a la respiración. Un gran trabajo corporal, extenuante. La escenografía son las tres sillas y una alfombra vieja enrollada que, luego, es usada como medio de transporte, además de como palio y bata de cola. No alfombra voladora sino arrastrada. Tres intérpretes, tres sillas y una alfombra.

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