AXABEBA | CRÍTICA ¿Qué se oía en aquella Sevilla?

Gil, Núñez y Pastor en su concierto del Alcázar. Gil, Núñez y Pastor en su concierto del Alcázar.

Gil, Núñez y Pastor en su concierto del Alcázar. / ACTIDEA

A veces las conmemoraciones de efemérides culturales e históricas sirven como pretexto para algunas propuestas de conciertos que, tomando como justificación el dicho hecho histórico, en realidad tienen poco que ver con el mismo. Así ha ocurrido en los últimos meses en el terreno musical con algunos conciertos que toman el rábano por las hojas y ofrecen programas disparatados en relación con el quinto centenario de la circumnavegación de Magallanes-Elcano o con los ciento cincuenta años del fallecimiento de Gustavo Adolfo Bécquer.

No fue el caso, gozosamente, de la propuesta de Axabeba, que se centró en músicas estrictamente conectadas, cronológica y espacialmente, con aquel suceso histórico, con obras castellanas extraídas de los principales cancioneros o de los vihuelistas del Renacimiento que arreglaron canciones de la tradición anterior, coetánea exactamente con la famosa expedición.

Fueron versiones muy limpias y contenidas las que Axabeba ofreció, sustentadas sobre la precisión de la pulsación y la claridad del fraseo de Pastor en la guitarra renacentista (delicada su versión de la Pavana de Mudarra) y en la vihuela (estupendas las diferencias de la Romanesca de Narváez), con delicadeza y fantasía en los acompañamientos de la voz. Núñez dominó su repertorio con voz natural, casi blanca, con claro estrechamiento en el ascenso al registro superior, pero con capacidad de matización (estupenda en Niña y viña). Por su parte, Gil, a pesar de algunos portamentos fuera de estilo, glosó con fantasía y precisión, con despliegue de agilidad.

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