Hasta el 13 de enero en la sede americanista

Murillo, el maestro del estudio anatómico

  • El Archivo de Indias exhibe 'La Resurrección' y dos obras más de la Real Academia de San Fernando

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La azarosa historia de los cuadros de Bartolomé Esteban Murillo a lo largo de los cuatro últimos siglos puede recorrerse hasta el 13 de enero de 2019 en el Archivo de Indias. La institución americanista, que ocupa la antigua Lonja donde tuvo su sede la primera Academia de Pintura sevillana -fundada precisamente por el artista-, reúne por primera vez tres lienzos suyos de gran formato y temática religiosa: La Resurrección del Señor, El éxtasis de San Francisco de Asís y la Magdalena Penitente. Una muestra "pequeña pero grande por su excelencia y valor simbólico", según la calificó el director general de Bellas Artes, Luis Lafuente, que añadió que ésta "será la principal aportación del Ministerio de Cultura al Año Murillo" junto al cuadro San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres que la Academia prestará en otoño para la antológica del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Aún era joven Murillo, pues no había cumplido los treinta años, y estaba forjando su estilo, cuando aceptó el encargo de realizar una serie para el claustro chico de San Francisco a la manera de las obras que Zurbarán había pintado para los conventos de mercedarios y dominicos. La entonces próspera comunidad franciscana de Sevilla patrocinó este conjunto de once pinturas más una Inmaculada que no ha llegado hasta nuestros días y que, como ha documentado el catedrático Enrique Valdivieso, serviría de propaganda de la historia de la orden, sus virtudes y milagros. El claustro estaba dispuesto delante de la entrada de la iglesia y, nada más acceder al interior, a mano derecha, el visitante se encontraba precisamente con El éxtasis de San Francisco de Asís, una pintura algo más ruda comparada con las últimas datadas de la serie y donde un ángel conforta de sus dolores, tocando un violín, al santo que yace en su celda con un hábito austero y expresión moribunda. Según estudió Ceán Bermúdez, a su lado colgaba precisamente otra obra juvenil ya citada, San Diego de Alcalá dando de comer a los pobres, representativa de la producción más social de Murillo.

Ambas pinturas y el resto de la serie permanecieron en el claustro chico de San Francisco desde 1646 hasta que el mariscal Soult las confiscó en 1810 y se las llevó al Alcázar de Sevilla para formar parte de un gran museo napoleónico que no llegó a realizarse. El convento de San Francisco, hoy desaparecido, fue convertido por los franceses en un cuartel. Posteriormente, El éxtasis de San Francisco de Asís y San Diego de Alcalá fueron llevadas a Madrid y depositadas en el convento del Rosario, donde en tiempos de José Bonaparte se había intentado formar un museo de pinturas. De ahí, finalmente, pasaron a la Real Academia de Bellas Artes en 1813.

No menos trepidante es la historia de la hermosa Magdalena penitente que expone también el Archivo de Indias y que fue decomisada en la aduana de Agreda en 1780 cuando se la intentaba exportar ilegalmente. "Fue el primer cuadro incautado por una real orden de Carlos III, con la que el rey trató de evitar que salieran de las fronteras españolas obras que podrían servir para formar a los artistas del país", según recordó ayer el académico y delegado del Museo de la Academia, José María Luzón.

El lienzo pasó a poder de la Corona hasta que Carlos IV la regaló a la Academia de Bellas Artes de San Fernando e ingresó en la sala de colorido de la institución. "Nada más entrar un grabador comenzó a realizar el dibujo de este cuadro, que es muy importante porque se ve al detalle todo el fondo de la gruta donde está la santa, que durante muchos años estuvo completamente oscurecido por los barnices". Murillo pintó esta Magdalena penitente hacia 1650 con potentes claroscuros que denotan su conocimiento y aprecio de la pintura italiana, especialmente la de Guido Reni.

El blanco del gran libro abierto en el que la santa lee sus oraciones contrasta con el manto rojo que le cubre el regazo. Estos valores cromáticos han sido subrayados por la reciente restauración a cargo de María Dolores Fúster, al igual que el contraste entre la penumbra de la gruta que acoge a la santa y la luz que ilumina su carácter virtuoso. Murillo empleó diversos recursos tenebristas para abordar esta iconografía que promueve el valor de la contrición y del arrepentimiento siguiendo el espíritu de la Contrarreforma.

En torno a esos años entre 1650 y 1655 pintó también La Resurrección. Procedente de la iglesia del convento de la Merced Calzada de Sevilla, el lienzo fue llevado al Alcázar y de ahí salió a París como parte de la colección Soult. En 1813 el Gobierno francés lo devolvió pero se quedó en Madrid y fue depositado en la Academia de San Fernando, donde se restauró y quedó para servir como ejemplo para la enseñanza.

Siguiendo las indicaciones que Pacheco publicó en su Arte de la pintura sobre cómo abordar con propiedad el tema de la resurrección, Murillo plasma cómo Cristo surge del sepulcro entre resplandores deslumbrantes mientras los soldados encargados de vigilarle duermen en la parte inferior de la escena, con los pies descalzos y hasta sucios, a la manera de Caravaggio.

Esta obra, según Luzón, "revela la preocupación de Murillo por el estudio de la anatomía y está considerado como uno de los mejores desnudos de la pintura occcidental e incluso el mejor del arte español. Murillo consigue que la figura se eleve generando luz, algo muy novedoso para la época".

Ejecutada en fechas próximas a la fundación de la Academia de Pintura sevillana, esta obra traduce, según Enrique Valdivieso, "el dinamismo del cuerpo de Cristo en el espacio, con el sudario y la bandera ondulando intensamente por el impulso sobrenatural". María Dolores Fúster, la restauradora que intervendrá este cuadro, confirmó el pasado martes durante la visita del nuevo ministro de Cultura José Guirao al Archivo que su formato original era de medio punto en la parte superior y que fue convertido en rectangular.

La decisión de restaurar primero El éxtasis de San Francisco y la Magdalena penitente obedeció, según Luzón, al peor estado de conservación de estas dos obras, especialmente El éxtasis, cuyas figuras parecían más toscas e inmaduras debido a la presencia de numerosos repintes. La intervención llevada a cabo en la sede madrileña del Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE), donde será restaurada igualmente La Resurrección tras el desmontaje de la exposición del Archivo de Indias, demostró la extraordinaria calidad de un lienzo que apenas podía ponerse en un plano de igualdad con otros del maestro. "Ahora se aprecia incluso el movimiento del oscuro hábito con rayas de San Francisco de Asís", destacó Luzón.

El delegado del Museo de la Real Academia de San Fernando avanzó también que la institución inaugurará en Madrid, antes de que finalice este año, una exposición sobre el impacto de Murillo en la enseñanza a través de sus fondos, obras guardadas en los almacenes en su mayoría. "Tenemos muchos cuadros firmados por importantes artistas cuando eran jóvenes y estudiaban en la Academia. Queremos ilustrar, a través de los dibujos originales, grabados, óleos y bocetos, cómo los estudiantes aprendieron copiando estas y otras obras del maestro sevillano. Porque Murillo trascendió Sevilla, eh", recordó con humor.

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