LAURA GRANERO | CRÍTICA En la intimidad del teclado

Laura Granero Laura Granero

Laura Granero / D.S.

A pesar de que Sevilla es una de las ciudades de España con mayor enraizamiento a nivel de público y de apoyo institucional de la Música Antigua, aún presenta algunas lagunas en la programación de estas músicas anteriores al Romanticismo. Dos de las más llamativas tienen que ver con la peculiaridad de los instrumentos: la escasa presencia del rico patrimonio en órganos históricos y la nula programación de obras con pianoforte, en este caso causada por la escasez de instrumentos antiguos en condiciones de ser tocados en Sevilla. De ahí que haya que alabar la iniciativa de Yolanda Sánchez, alma de ese apasionante proyecto que es La Casa de los Pianistas, de programar este recital en el que la pianista Laura Granero nos mostró las posibilidades expresivas de su Thomas Tomkinson de 1813, un pianoforte rectangular de cinco octavas y media y un pedal de resonancia.

Con su sonido íntimo, aún emparentado con el clavicordio por la naturaleza de sus armónicos, la suavidad de sus graves ofrece la posibilidad de una mayor transparencia en la articulación, que en el caso de Granero fue de una claridad absoluta todo el recital, de manera que cada nota adquiría su presencia y su peso justo en cada frase. Sólo en el Presto agitato de la sonata de Beethoven se evidenciaron las limitaciones del instrumento para los pasajes rápidos y agitados. Salvo esto, las versiones de Granero fueron todo delicadeza y sentido de la cantabilidad (maravillosa versión del Claro de luna), pero también de sentido del ritmo, como en las bagatelas de Beethoven, con estupendas síncopas y muy acentuados mordentes y acciacaturas.

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