ROSS. Concierto de Año Nuevo | Crítica

Grandes éxitos para el nuevo año

Sebastian Perlowski dirigiendo a la ROSS en el Concierto de Año Nuevo

Sebastian Perlowski dirigiendo a la ROSS en el Concierto de Año Nuevo / Guillermo Mendo

Lo primero que hay que reconocerle al polaco Sebastian Perlowski es que se subiera al podio del Maestranza sin un solo papel por delante. Tocar de memoria un repertorio como este, concebido para gran orquesta, lleno de contrastes, recovecos y quiebros rítmicos tiene desde luego mucho mérito. Bien es cierto que la selección del programa apuntaba a una recopilación de grandes éxitos del segundo de los Johann Strauss (excepciones hechas de la previsible Marcha Radetzky de la propina, que es de su padre; y de la Pizzicato polka, cuya autoría comparte con su hermano Josef): oberturas de sus dos más difundidas operetas (El murciélago, El barón gitano), los valses (Voces de primavera, Emperador, Rosas del sur, Danubio azul) y polkas (El tren del placer, Entre truenos y relámpagos, Pizzicato, Tritsch-Tratsch) más famosos, el Perpetuum mobile.

Pero ese, el de la prodigiosa memoria musical, fue el menor de sus méritos. Perlowski ejerció además del showman que se espera en ocasiones como esta: invitó a una mujer del público a continuar dirigiendo el Perpetuum mobile, ejerció de director de estación en El tren del placer tocando una trompetilla y se mostró siempre entusiasta, sonriente y simpático con el público y los profesores de la orquesta.

Lo mejor fue en cualquier caso su concepción del repertorio. En esta apoteosis de ritmos vieneses, todo el mundo espera generoso rubato en los valses y acentos muy marcados en las polkas, y de todo eso hubo, sí, muy bien administrado siempre y magníficamente encajado en una forma de articulación de suficiente flexibilidad para asumir lo primero y notable claridad para remachar lo segundo, pero aun así, consiguió algo a mi modo de ver más relevante: fue capaz de dibujar extraordinarios relieves en la orquesta, de hacer transparentes a las secciones, de destacar segundas voces que no siempre se escuchan (esas trompas impagables en los tiempos débiles del compás al principio de Voces de primavera, por ejemplo). Eso sí, la ROSS le respondió de forma excepcional en el mejor Concierto de Año Nuevo que le recuerdo al conjunto.

Los espectadores, que casi llenaban el teatro, parecieron disfrutar de lo lindo de cabo a rabo, y buenas razones tuvieron para ello. Fue desde luego un gozo ver la sala principal del Maestranza casi abarrotada, lo que dejó también una cuestión flotando en el ambiente: qué es de este público en los conciertos de abono. Quizá 2022 sea un buen año para encontrar respuesta a esta incómoda pregunta.

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