CONCIERTO Cortes de tráfico y desvíos en Sevilla por el concierto de AC/DC

Icónica Sevilla Fest

Rozalén: cuando el árbol te enseña el bosque

Rozalén en la Plaza de España

Rozalén en la Plaza de España / Juan Carlos Muñoz

Anteayer prometía Rozalén desde sus redes sociales que el concierto de la Plaza de España iba a ser uno de los más especiales de nuestras vidas. A mí ya me pillaba con mucho bagaje detrás como para que fuese así, pero estoy convencido de que para la gran mayoría de los 3.000 espectadores que llenaron por completo el recinto resultó ser una verdad que, como la del poema de Jorge Guillén, se abalanzó sobre ellos, los atropelló. El concierto de anoche de Rozalén en el Icónica Sevilla Fest quedará incrustado en sus recuerdos como una mezcla de marfil, sándalo y oro; el marfil del colmillo retorcido con que Rozalén repartió dentelladas a los que no respetan la memoria histórica, a los que niegan un sitio en nuestra tierra para los que vienen de otras huyendo de la miseria, fruto de su fuerte compromiso social; el aroma a sándalo de la atmósfera desplegada que nos llevó a alcanzar una gran armonía espiritual con ella; el oro de su voz y de los versos que lanzaba al aire. Rozalén se irá de Sevilla con una fuerza irresistible para afrontar los conciertos de esta gira, que tiene el nombre de su último disco, El árbol y el bosque, al otro lado del Atlántico, en Costa Rica, México, Chile, Colombia, una vez concluido triunfalmente su periplo español en nuestra ciudad.

Desde el saludo inicial con Este tren, hasta su despedida final con El paso del tiempo, Rozalén fue desgranando casi todas las perlas del disco que sirve de base a la gira, sin olvidar Que no, que no, la cumbia con la que ganó el Goya a la mejor canción original del 2021, por estar incluida en la banda sonora de La boda de Rosa, ni tampoco La maza, su recreación del original de Silvio Rodríguez. Canciones que ocuparon casi la mitad del concierto, reservando la otra mitad para ir incluyendo entre ellas las más brillantes de sus discos anteriores y algunos de los singles posteriores a la edición de El árbol y el bosque, que fueron Mar en el trigal, lleno de resonancias que unían a la vieja Castilla con el norte de África; Yo no renuncio, con un ritmo muy fiestero y una interpretación llena de sentido del humor en que alentó a las mujeres a ser lo que quieran ser, con orgullo y con respeto y, por supuesto, también Agarrarte a la vida en uno de los momentos más emotivos de la noche; nunca está de más dar voz y esperanza a los que piensan en el suicidio como solución, pero aquí, esta noche, después de más de una hora y media de felicidad que llevábamos en compañía de Rozalén, nadie había con esos pensamientos negros en su mente ya que estos solo estaban enfocados en bailar con el ritmo que marcaba el bombo, levantándose de los asientos que, con la misma disposición que en la noche de Ludovico Einaudi, cubrían toda la pista.

Rozalén, Beatriz Romero e Ismael Guijarro Rozalén, Beatriz Romero e Ismael Guijarro

Rozalén, Beatriz Romero e Ismael Guijarro / Juan Carlos Muñoz

Después de que la chica de estilismo le pusiera unos imperdibles en la falda para que no la levantase la brisa -y no se me vea el zarangollo, nos dijo- hubo un tramo de canciones reposadas, personales e introspectivas: A tu vida, La línea, presentada con las palabras del libro Estado de exilio, de Cristina Peri Rossi, partir es siempre partirse en dos; citó a Miguel Hernández, tristes guerras si no es amor la empresa, tristes armas si no son las palabras, tristes hombres si no mueren de amores, para introducir Justo, porque hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles, en medio de las batallas, que sus nombres no se borren nunca de la historia. La intensidad emocional continuó con Mar en el trigal, para seguir con un recuerdo a Pareja Obregón por sevillanas y La maza; un tramo en el que nos costó mantener el aliento sereno, canciones con las que Rozalén turbó nuestra alma dolorida, afligió nuestro ánimo angustiado; nos mantuvimos entre el dolor y el placer, sensación esta que estalló cuando Que no, que no vino al rescate de nuestros corazones -ahora es cuando vais a arrepentiros de estar sentados- y nos mantuvo arriba del todo con los sones cubanos de Yo no renuncio, con Vivir, con el tumbao de El día que yo me muera, acompañada a la flauta travesera por la joven profesora sevillana Carmen; con el ritmo de ranchera de Amiga, que hizo que se formasen largas congas en los pasillos de la platea, a pesar de que estaba toda llena de sillas. Y la banda a plena marcha: Oliver Martín intentando que su guitarra eléctrica no se desbocase como si estuviese tocando con sus adorados Metallica; la sonoridad de la otra guitarra, la de Ismael Guijarro, acompañándole; la guitarra acústica de Samuel Vidal, sin el protagonismo de los minutos anteriores pero todavía sonando en primer plano; Goyo García al bajo y Tete Moragón a la batería, la sección rítmica que imprimió potencia al sonido creado por Álvaro Gandul, pianista omnipresente del grupo y armónico acordeonista, a la vez que director musical; Beatriz Romero, al lado de Rozalén, que la presentó como la reina indiscutible de la pista, sin apenas contener sus ganas de bailar mientras traducía al lenguaje de signos las frases de las canciones. Y por encima de todo el color de la voz de ella y el alma que puso cuando la lanzaba. Una sorpresa gratísima fue el regalo que, por ser este el concierto de despedida de su gira nacional y además ser el décimo aniversario de cuando empezó su carrera cantando en Sevilla, en La Estación, La Imperdible, en el Lope de Vega de la mano de Juan Valderrama, nos hizo Rozalén acompañada solamente al piano por Álvaro, uno de los grandísimos y desconocidos músicos que han salido de Alcalá de Guadaira, en forma de las sevillanas de Historia de una amapola y La flor del romero, con dos desgarradas estrofas que nos ofreció en primicia, ya que formarán parte del nuevo disco de folclore tradicional que saldrá a finales de año y este fue su estreno absoluto.

Rozalén y Beatriz Romero Rozalén y Beatriz Romero

Rozalén y Beatriz Romero / Juan Carlos Muñoz

La fiesta continuó al ritmo del pasodoble, con unos medleys que arrancaron con Me arrepiento, se hizo fronterizo con Tu nombre y 80 veces y, después de presentar a todo su equipo de producción, siguió con Saltan chispas. Dos baladas enlazadas, Vuelves y Comiéndote a besos, plantaron las raíces desde las que creció Y busqué, una de las mejores y más emocionantes canciones de Rozalén. Girasoles, Agarrarte a la vida, La puerta violeta y el baile generalizado con los músicos y la gente del staff en el escenario con ella, durante El paso del tiempo, pusieron el colofón arrollador para que todos nos fuésemos de allí sintiéndonos en nuestro interior un árbol especial dentro del bosque entero que formaban todos los demás que nos acompañaban en la salida.

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