Pablo Alborán

Sevilla te quiere

  • Más de 30.000 seguidores se citan en el Estadio de la Cartuja para aplaudir la presentación de ‘Prometo’ en la capital andaluza

Pablo Alborán en la Cartuja Pablo Alborán en la Cartuja

Pablo Alborán en la Cartuja / Juan Carlos Vázquez

Los acordes de No vaya a ser desatan la euforia de los 30.000 seguidores que, pese al asfixiante calor, han acudido al Estadio de la Cartuja a ver a su ídolo. Este tema, con el que se inició el concierto, es el primer sencillo de Prometo, el nuevo disco de Pablo Alborán. Pero no sólo de Prometo se alimentó la noche del sábado en Sevilla sino que el malagueño cantó también los grandes éxitos, de todos conocidos, de los tres trabajos de estudio publicados anteriormente en su meteórica carrera. No vaya a ser es una de las canciones de amor contrariado que alimentan el mundo poético de este cantante y compositor y de sus seguidores. El 100% de los temas están escritos en segunda persona y en ellos se suceden a partes iguales los reproches y las disculpas.

Amores contrariados, como cualesquiera, con los que se identifican miles de almas en las formas en las que los escribe y canta Alborán. Así los tiempos medios y las baladas dominaron la noche pero también se suceden algunos guiños flamencos, en forma de rumbita y en algunos melismas medidos y el “pop latino” que subrayan las tumbadoras y los vientos. En la mitad del recital la cosa aún se acalmó más y Alborán cogió la guitarra acústica para entonar el Perdóname, uno de los éxitos de su primer disco, publicado hace ocho años. Fue un intermedio de intimidad en el que sentado, junto a sus músicos en acústico, convocó emociones a corta distancia. Para luego evocar de nuevo el turbión sonoro necesario para el final del concierto.

La diferencia entre este turbión sonoro y otros fenómenos musicales masivos que hemos atendido en los últimos tiempos en nuestra ciudad es que aquí se escucha música. Solos de guitarra eléctrica o acústica, de trompeta y fiscorno, acordes de piano, etc. Músicos como Adrian Schinoff o Carlos Martín dieron fe de la calidad que atesoran. No obstante el público fue a cantar y de hecho Alborán le cedió el protagonismo en largos tramos de su recital. Pues, como decíamos al principio, el público lo que quería era ver a su ídolo. Y así fue, gracias a la cabeza caliente que sobrevolaba nuestras testas, que nos daba primeros planos del protagonista de la noche en las pantallas gigantes. Los que estábamos sobre la pista podíamos bailar aunque la mayor parte del público se la pasó sentaditos en sus butacas. Y todos gritaron al unísono "Pablo, Sevilla te quiere".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios