Un tema importante malogrado

SOUND OF FREEDOM | CRÍTICA

El actor Jim Caviezel durante una escena del largometraje. / D. S.

La ficha

** 'Sound of freedom'. Acción, EE UU, 2023, 131 min. Dirección: Alejandro Monteverde. Guion: Rod Barr, Alejandro Monteverde. Fotografía: Gorka Gómez Andreu. Música: Javier Navarrete. Intérpretes: Jim Caviezel, Mira Sorvino, Kurt Fuller, Bill Camp, Scott Haze, José Zúñiga, Eduardo Verastegui.

El director mejicano Alejandro Monteverde lleva adelante con éxito una carrera a contracorriente tocando temas sociales con un fuerte tono melodramático en Bella (2009), Little Boy (2015) y ahora Sonido de libertad (2018-2023), una película independiente que ha logrado superar gigantescas producciones comerciales a la vez que generar polémica. Trata de la lucha contra el secuestro y el tráfico de niños para su explotación sexual emprendida por Tim Ballard, un ex agente del FBI mormón que se ha dedicado a enfrentarse a esta lacra, centrándose en el caso concreto del rescate de una niña en Colombia.

Si este es el tema, ¿a qué responde la polémica? No a los aciertos (que los tiene, como el cuidado con que evita la explotación sensacionalista de tan escabroso y duro tema) y ni a los defectos (que también los tiene, y muchos, especialmente en lo que se refiere al guión y su insistencia en remachar con palabras (y con música) el mensaje hasta el extremo de convertir la ética en moralina.

Pero no radica en esto la polémica: bastaría decir que se trata de una obra bienintencionada que trata un tema de la mayor trascendencia humana y social sin lograr que sus recursos cinematográficos estén a la altura de las intenciones e importancia del tema. La polémica responde sobre todo a cuestiones ideológicas, al apoyo que ha recibido de sectores ultraconservadores y a los perfiles de su productor, Eduardo Verástegui, su intérprete, Jim Claviezel, y su distribuidora, Ángel Studios: el primero, que produjo las otras películas de Monteverde, es un populista de signo integrista que de la música y el cine saltó a la política; el segundo, católico al modo integrista estadounidense, que ha quedado marcado -para bien según unos y para mal según otros- tras interpretar la gore “La pasión de Cristo” de Gibson; y la distribuidora -que compró la película después que desde 2018 la rechazaran los grandes estudios- es una empresa que tras iniciarse en streaming funciona por micro mecenazgo produciendo y distribuyendo obras de contenido religioso próximo a posiciones integristas, entre ellas la serie The Chosen sobre la vida de Cristo.

Estas circunstancias han creado una polarización a favor o en contra de la película que explica tanto su éxito como su rechazo, pesando en ambos más lo ideológico que lo cinematográfico.

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