LA CENICIENTA | CRÍTICA

Clásicos de hoy, música de siempre

Cenicienta según Pauline Viardot.

Cenicienta según Pauline Viardot. / Guillermo Mendo.

Hay que felicitar a la dirección del Teatro de la Maestranza por haberse decidido, por fin y tras años de intentos en vano con la anterior dirección, a sumarse a la organización de un Opera Estudio. En vez de traer las ridículas y escasas de valor musical ofertas de óperas infantiles de años anteriores, el Maestranza se apunta a un perfil pedagógico de calidad. Pedagógico, además, en un doble sentido, pues si por un lado ofrece una vía de perfeccionamiento a jóvenes cantantes, ofrece por otro un acercamiento a la ópera a miles de escolares de Sevilla y su entorno.

El título escogido para esta primera coproducción no puede encajar mejor con estos objetivos: música de calidad escrita con especial atención a las voces, argumento clásico vigente en la actualidad como relato de superación y conmemoración de los doscientos años del nacimiento de su compositora, Pauline Viardot.

El diseño teatral de Guillermo Amaya resulta muy eficaz y atractivo y está especialmente dirigido al público escolar mediante guiños y referencias fácilmente identificables. Las hermanastras son caracterizadas como dos auténticas chonis más atentas a su móvil y al lucimiento que a otras cosas, con gags que, a la vista de las carcajadas del respetable, funcionan perfectamente. La escenografía es imaginativa y polivalente y la iluminación subraya los momentos claves y los efectos ilusionistas.

Al frente del apartado musical está Francisco Soriano, un pianista que conoce perfectamente ésta y otras composiciones de Viardot por llevarlas trabajando desde hace más de diez años. Además de interpretar la no sencilla parte de piano, su labor de preparación y de concertación redundó en momentos brillantes como el sexteto de la llegada de Cenicienta y el conjunto final. Tuvo en sus manos a buenos cantantes, de alto nivel, entre los que cabe señalar la brillante voz de Stolzenbachn, el lirismo de Francisco Gracia y la contundencia y la gracia escénica de Maturana.

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