¡Oh, Fabio!
Luis Sánchez-Moliní
Los cazados
Tendría hasta su gracia si no fuera por las consecuencias macabras de su forma de entender el ejercicio del poder. Y la tendría porque en Andalucía solemos emplear bien el recurso del humor, lubricante de la existencia. No somos graciosos por definición, como nos consideran algunos idiotas mesetarios o ciertos supremacistas de algunos pisos más arriba. Somos supervivientes que sabemos tirar para adelante con nuestra particular forma de afrontar las adversidades. Y seríamos capaces de seguir tomándonos con humor al botarate de la Casa Blanca si no fuera porque pasa de las bravuconadas verbales a la práctica en un santiamén. El tipo cumple sus chulerías. El “esto lo arreglo yo en diez minutos” que muchos entonan en la barra de una taberna con un palillo en la comisura de la boca, él lo entona y lo cumple mientras se pasa el Derecho Internacional por ese arco del triunfo al que le alcanza el pico de la corbata, que siempre luce larga como los antiguos apoderados de sucursales bancarias. Algunos le ríen las gracias. Celebran que en Venezuela acabó con el tirano, pero que sepamos todavía no se han convocado elecciones libres bajo la supervisión de observadores internacionales. Hay criaturas de buena fe que creen que el gobierno de los Estados Unidos de 2026 guarda el espíritu de aquel Séptimo de Caballería que en las películas de los sábados por la tarde salvaba a los desvalidos de la amenaza de indios armados.
No se engañe nadie. Trump salva sus cuentas, disfruta humillando al enemigo en público y desea una Europa frágil, débil y arrodillada. Maneja la propaganda a la perfección, sabedor del enorme peso de las emociones en el juicio de la opinión pública. Cuidado con entrar en la taberna del trumpismo porque el vino es gratis, pero de garrafa. Trump es el bravucón con poder, Putin el malvado (no un loco) y China el enemigo al acecho. Esas son las tres grandes claves. El que sepa rezar que empiece. Y el que tenga buen humor, que tire del catálogo. La salida menos mala pasa por entenderse con Trump al mismo tiempo que no se nos vean las vergüenzas. Así es el mundo, mucho más complicado que entonar lemas pacifistas, o mucho más sencillo si no se quiere complicar sesudamente. El salvador a toque de corneta y ruido de galope se volvió un peligroso matón. A lo mejor el modelo de Sánchez, ¡quién lo diría!, es el del gallego que se valió (aprovechó) de Hitler y Mussolini y después dejó a España fuera de la Segunda Guerra Mundial. Son tiempos de malabares. No podemos crearnos más enemigos por mucho que el CIS diga en privado que el “no a la guerra” genera la recuperación de algún punto en las encuestas. La gracia de Trump se localiza en el mismo sitio que la tienen las avispas.
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