Ferias paralelas a Arco en Madrid

El arte emergente mira al pasado

  • ‘Just Madrid’ cumple diez años planteando nuevos retos, como la tendencia a la internacionalización

Obra de Jonathan Notario en la galería malagueña Eldevenir Art. Obra de Jonathan Notario en la galería malagueña Eldevenir Art.

Obra de Jonathan Notario en la galería malagueña Eldevenir Art.

La feria de arte emergente Just Madrid llega a su décima edición tras un recorrido marcado por los altibajos en la calidad del proyecto. Hace un año, la gijonesa Semiramis González y el gaditano Daniel Silvo tomaron las riendas de una feria que se había convertido en un cajón de sastre, perdiendo su credibilidad como espacio expositivo y comercial. Ambos apostaron por una selección concienzuda de galerías y de nombres con evidente proyección, consiguiendo reconducirla hacia un ámbito más profesional y otorgarle la prestancia de antaño: en algún momento esta feria fue el mejor escaparate del arte emergente en España. Así llegamos a la presente edición, en la cual participan más de 60 galerías de toda Europa y América, con obras de más de 160 artistas.

Si bien en el año 2018 los gestores consiguieron reflotar la feria, el 2019 ha planteado nuevos retos, como la evidente tendencia hacia la internacionalización. Just Madrid ha integrado este año a galerías provenientes de distintos países como Australia, Brasil o Cuba. Así mismo y siguiendo el camino que ya han emprendido ferias como Arco, los gestores han apostado por transferir el modelo Just a Portugal, propiciando así las sinergias con las galerías y artistas del país vecino.

De una feria de arte emergente quizá se esperen formatos novedosos basados en lo audiovisual o las nuevas tecnologías. No ha sido así este año. Pintura y fotografía han plagado las paredes de los eestands, una apuesta por formatos más tradicionales que quizá atienda al afianzamiento de ventas. No obstante, este aspecto no le resta a la feria ni la frescura propia del arte emergente ni la calidad de lo que se exhibe. La galería Fúcares, una habitual en la feria, da buena cuenta de ello con un estand volcado en la pintura y en los distintos modos de enfocar esta práctica. En este espacio encontramos los lienzos de Jorge Julve, Alvar Haro, Javier Parrilla, Patricio Cabrera, y los dibujos de mediano formato de Fran Ramírez.

Si recorremos el estand de derecha a izquierda partiremos de la experiencia abstracto-geométrica de Julve, salpicada por sutiles gestos expresivos, para detenernos en el paisaje aéreo nocturno que plantea Alvar Haro: una pintura de gran formato en la que pequeñas luces de colores describen un panorama urbano. La lucha entre la abstracción y la figuración está servida, al igual que en la pieza de Javier Parrilla, quien sigue indagando en la potencia del símbolo y en cómo éste sirve a las estructuras de poder. Su cruz de San Andrés nos remite inevitablemente a la bandera de los Estados Confederados de América, blasón que representa los valores más añejos de la nación. Patricio Cabrera, por su parte, sigue indagando en la potencia vital de la naturaleza encarnada en una planta tropical de hojas exuberantes y flores carnosas, mientras el sevillano Fran Ramírez presenta cuatro dibujos en los que mezcla iconos de la alta y baja cultura, generando un totum revolutum que nos hace reflexionar sobre la tendencia iconoclasta contemporánea y el poder de apropiación iconográfica del mercado.

Se conjugan en la feria, como podemos observar, diversos lenguajes pictóricos que nos hablan de las distintas latitudes y maneras de enfrentar esta práctica artística. Desde la preocupación por la materia, genialmente representada por las pinturas del zaragozano Alberto Gil Cásedas (galería valenciana Set Espai D´Art), quien trabaja la pintura como si se tratase de una epidermis con vida propia, una piel que se desprende poéticamente de su soporte pictórico; hasta las propuestas más narrativas del leonés Jonathan Notario (Eldevenir Art Gallery, Málaga), que convierte el paisaje urbano en un entorno gráfico propio de un videojuego arcade. Sin duda, estas escenas virtuales son la reivindicación orgullosa de una generación que creció en la brecha entre la nueva ficción virtual y la realidad. Notario comparte espacio con el malagueño Simón Zabell, cuyas acuarelas de pequeño formato son un relato pictórico basado en la novela Bajamar de Robert Louis Stevenson. Seis piezas que pretenden trasladarnos a la condición de insularidad y lo paradisíaco.

Obras de Alberto Gil Cásedas en Set Espai D'Art. Obras de Alberto Gil Cásedas en Set Espai D'Art.

Obras de Alberto Gil Cásedas en Set Espai D'Art.

Pero no solo la pintura de caballete tiene su espacio en esta muestra, también la llamada pintura expandida se ha colado en la feria, haciendo uso de formatos que recuperan y reinterpretan antiguas artesanías de la Península Ibérica como la azulejería. La galería lisboeta Ratton, por ejemplo, desarrolla proyectos cerámicos con artistas contemporáneos que reinventan esta labor ancestral.

También la fotografía, aunque con menor presencia que la pintura ha coprotagonizado la feria, desvelándose como un formato artístico versátil que todavía hoy los creadores eligen para plasmar sus inquietudes. Destacan, sin duda, proyectos con trasfondo crítico como el de la rumana Simona Rota (Alalimón Gallery, Barcelona), a quien el gobierno ruso encargo una catalogación fotográfica del patrimonio de la antigua Unión Soviética. Rota desarrolló, entonces, un proyecto paralelo en el que captaba la decadencia de aquella arquitectura sobria y funcional, gigantescas estructuras hormigonadas que hoy dormitan como grandes efigies sin vida. Otra galería que sobresale en sus propuestas fotográficas es Cámara Oscura (Madrid), quien presenta a tres autoras de renombre: Liza Ambrossio, Ellen Kooi y Elina Brotherus. Las tres trabajan desde perspectivas distintas y de manera más o menos directa sobre la construcción de la identidad femenina en un mundo complejo y cambiante.

Curiosamente, la feria Just Madrid sorprende en su décima edición por la revisión que los distintos creadores hacen de los formatos más clásicos, y aunque la apuesta por estos atienda, como indicábamos al inicio, a cuestiones comerciales, no cabe duda de que la creación emergente hoy está mirando al pasado para construir el futuro.

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