Las cosas bellas que se dicen frente al río

Literatura

Juan Gallego Benot se inspira en las obras que alteraron el curso del Guadalquivir para 'Las cañadas oscuras', un poemario sobre el deseo y la vida que edita Letraversal

Juan Gallego Benot, fotografiado hace unas semanas en el Espacio Santa Clara, donde presentó ‘Las cañadas oscuras’.
Juan Gallego Benot, fotografiado en el Espacio Santa Clara, donde presentó ‘Las cañadas oscuras’. / Juan Carlos Muñoz

"Sólo importarán las cosas bellas / que un día se dijeron frente al río", escribe Juan Gallego Benot en Las cañadas oscuras, el poemario que ha publicado con Letraversal y en el que toma esa mitología ligada a una ribera –el enclave elegido por los amantes clandestinos, caudal en el que fluyen la noche y el deseo– en un tiempo en el que la modernidad y la codicia transforman las ciudades. De la mano del hombre no escapa ni la corriente legendaria del Guadalquivir: el poeta se inspira en las obras que desviaron su cauce, que alteraron su curso, para hablar de episodios como la expulsión de los gitanos de Triana o los efectos de la especulación inmobiliaria. "Frente al hotel acristalado que ampliamente / yergue sin tersura / su vicio y su calumnia / entre los adoquines –ya de asfalto o pizarra almidonada / y sucia–, un río".

Gallego Benot (Sevilla, 1997) regresa tras su excepcional debut, Oración en el huerto, para confirmar que es uno de los poetas más asombrosos de la actualidad. En Las cañadas oscuras el autor reinterpreta esa imagen que ha trascendido del río "como algo permanente, que no varía. Hablar de las obras que sufrió el Guadalquivir, de esa parte construida del río, me permitía retratar una Sevilla en plena transformación, que siempre está haciéndose, hablar de las cosas que van cambiando, de lo que parece natural pero no lo es... En las letras flamencas el río aparece como algo eterno, una idea que han continuado flamencos contemporáneos como Lole y Manuel. Yo quería partir de ahí pero llevarlo a una visión urbanística", expone el creador, que investiga sobre Retórica y Modernidad entre Madrid y Groninga, en los Países Bajos.

Como hacía Gordon Matta Clark con sus Building Cuts, que inspiran la ilustración de portada de Lucía Valdés Arbolí, Gallego Benot plasma las formas de vida que sobreviven al abandono y a la catástrofe. En la nota preliminar, el autor analiza cómo Triana se vincularía en el imaginario colectivo a "los oficios impúdicos, las industrias pujantes y también la vida más ajena a la ortodoxia religiosa y al decoro". Gallego Benot opina que "cuando se habla de Triana, muchas veces, se explica en términos psicoanalíticos, como una especie de doble de la ciudad, algo totalmente lejano y mitificado. Una visión muy poco real, porque quienes la habitaban eran personas obreras, que se ganaban la vida, que sostenían gran parte de la industria sevillana, y sin embargo la política se hacía a sus espaldas. Me interesaba recuperar esos oficios porque los miramos como algo sobrante, con cierto desprecio, en contraposición a una Sevilla de abogados y profesiones laborales, que igual no producen tanto pero que diseñan la ciudad en la que van a vivir esas otras personas", reflexiona el poeta.

Portada del libro.
Portada del libro. / D. S.

"Cruzo el puente si tú quieres, / pero falta no hace, amor, que prendas nada, / que tienes tres soles en el pecho / y en la voz una lámpara de vidrio". Gallego Benot vuelve a las cosas del querer, a ese misterio que ya abordaba en Oración en el huerto, y lo sitúa, en su vertiente más lúdica, en Triana. Un personaje, una suerte de guía al que Gallego Benot otorga el linaje de Manolo Caracol, atraviesa al otro lado de la ciudad en busca de la diversión y la vida que le ofrecen los cuerpos. "Solázate, hombre cualquiera, / accede a esta noche luminosa. Deja que acompañe / tu cuerpo con un cuerpo que no será mío mañana", se lee entre los versos del libro.

"La pasión homoerótica", cavila Gallego Benot, "me parece un recurso estupendo para pensarme y para plantear situaciones. En Las cañadas oscuras este lado del río [la entrevista se realiza en el centro de la ciudad] es el deseo y Triana es el placer. En Triana vivimos, nos encontramos con los amantes, accedemos a los encuentros que el río nos ofrece. Quería ubicar allí el disfrute, la alegría, la parte de la fiesta", cuenta sobre un poemario que abraza el hedonismo y la entrega "sin convenciones, o con unas convenciones distintas" como un afianzamiento de la vida –"la muerte no recorre esta ribera", se dice en otro pasaje–, y que titula uno de sus capítulos Velá.

“Quería ubicar en Triana el disfrute, la alegría, la parte de la fiesta”, dice el autor

Quizás porque el deseo, una de las máximas expresiones de la existencia, puede entenderse como una respuesta a los miedos que nos paralizan y a los desastres que nos amenazan. "Es lícito cantar ante las ruinas", defiende la voz que recorre las páginas. En Las cañadas oscuras están muy presentes la insólita nevada de 1954, la inundación provocada por el Tamarguillo en 1961, las pestes y las fiebres de otros siglos. "La preocupación ambiental no es sólo un tema, es algo asociado ya inevitablemente a nuestra forma de vivir, a nuestros cuerpos, y más tras la pandemia", argumenta Gallego Benot, que ha armado su libro con una completa documentación sobre transformaciones urbanísticas o el racismo sufrido por los gitanos. "Pero ha habido también muchas escuchas de canciones, muchas conversaciones en los bares", puntualiza el poeta. "No ha sido una investigación muy académica, y la he disfrutado".

Juan Gallego Benot.
Juan Gallego Benot. / Juan Carlos Muñoz

"Los serenos de Triana / van diciendo por las calles: / que duerma quien tenga sueño, / que yo no despierto a nadie". En Las cañadas oscuras resuena la sabiduría –y la rotunda belleza– de las coplillas y el flamenco. "Se escucha antes que se lee, y en mi casa había unas casetes de copla española que fueron parte de la banda sonora de mi infancia. Antes de ser consciente de mi existencia como mariquita, yo oía esas canciones de Concha Piquer o Imperio Argentina y encontraba allí algo que tenía que ver con mi sensibilidad", recuerda Gallego Benot, que fue evolucionando en su gusto "de la copla al flamenco. A los 15 años encontré en Antonio Mairena un héroe, imperfecto y contradictorio y humano".

Pero Las cañadas oscuras, matiza Gallego Benot, "no es un libro neopopular" pese a esa raíz flamenca, y su responsable maneja otras referencias muy diversas, como Surge, del británico Jay Bernard, un libro que recrea el incendio en una casa en el que murió un grupo de adolescentes negros, o las exposiciones que Gallego Benot ha cubierto como crítico en los últimos años. "Gracias al arte", señala el escritor, "ahora me interesa menos un poema muy cerrado y me atrae más una idea abierta, un concepto que se va desarrollando".

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