Más caracolero que nunca
El Pele vuelve en su último disco a las letras y la producción de Isidro Muñoz, un álbum tradicional en el que la herencia de Manolo Caracol se pone de manifiesto
Después de la experiencia, parcialmente fallida, junto al guitarrista, compositor y productor estrella Vicente Amigo (Canto, 2003), regresa El Pele a Isidro Muñoz, productor de sus mejores entregas discográficas (La fuente de lo jondo, 1986, Poeta de esquinas blandas, 1991 y Avante claro 1995). E Isidro ha tenido la humildad de limitar su papel entendiendo, con buen criterio, que en este momento El Pele se encuentra en un estado de forma cantaora tan asombroso, siendo, como es, uno de los grandes cantaores en directo, que hay que dejarlo a su aire. De hecho el disco, austero en su producción, como digo, transcurre en la mayor parte de su extensión por los senderos del clasicismo, en cuanto a música se refiere, siendo la aportación de Muñoz, al margen del concepto del álbum, una sola música, la de las alegrías, y tres letras. Dos de ellas para melodías de tradición. El propio cantaor firma letra y música en bulerías y zambra y letras en fandangos y malagueñas. El resto de temas es tradicional, con la excepción del clásico de la canción suramericana Alfonsina y el mar. Repite de esta manera Muñoz la exitosa fórmula ensayada con José Mercé, sumando el nombre de Mercedes Sosa a los de Víctor Jara o Pablo Milanés a la hora de aflamencar la canción de autor hispanoamericana.
El capítulo festero no incluye, sorprendentemente, tangos (los tangos de Granada Vengo del moro, incluido en Poeta de equinas blandas, siguen siendo su gran éxito) y sí bulerías y alegrías. Las primeras, firmadas como digo por el propio cantaor, con coros a cargo de Los Cherokees, aunque de fisonomía tradicional jerezana, con la guitarra de Moraíto y el eco, íntimo y lastimero, de filiación caracolera. Eso sí, tanto en este corte, como en las alegrías, los créditos se han olvidado del tradicional jaleo jerezano de la Filarmónica de Santiago. Este último corte evidencia ese arte absolutamente personal de Isidro Muñoz de equilibrar lo tradicional con un mensaje plenamente contemporáneo. La zambra está producida por Dorantes, cuyo piano se erige en protagonista del tema, que trata de actualizar el legado Caracol-Arturo Pavón, con un dúo con María Toledo. Los fandangos son una lección de clasicismo (más Caracol: es decir, una tradición que en su tiempo fue vanguardia) gracias, otra vez, a la aportación de Moraíto de Jerez. El poeta popular Manuel Moreno Maya fluctúa entre el costumbrismo y el moralismo.
Muñoz es consciente de que a un intérprete con veleidades barrocas como El Pele necesita de una austera producción que evite amaneramientos, en la medida de lo posible. En este sentido la soleá es el cante paradigmático de esta obra. Un ejemplo del arte de Muñoz como letrista por este palo: Por ella llegué a saber / Que la noche es más bonita / Cuanto más oscura es.
En la seguiriya, rítmica, sobresale el obstinato de la guitarra de José Antonio Rodríguez y, de nuevo, la letra de Muñoz. De los estilos levantinos incluidos (taranta, cartagenera y malagueña) destaca el cante por malagueñas que cierra la obra, con la guitarra poderosa y, aquí, sutil, de Niño de Pura, y El Pele ofreciendo un auténtico despliegue de amplitud de registro vocal.
Juan (Manuel en el DNI) Moreno Maya El Pele (Córdoba, 1954) es la gran voz contemporánea del flamenco cordobés. Sin embargo su estética cantaora sobrepasa con mucho los caracteres de su tierra natal. Es un artista completo, tanto como Fosforito o Luis de Córdoba, aunque desde otros presupuestos: quintaesencia del cante gitano actual. En su estilo no hallamos ni rastro de provincianismo o localismos chovinistas. Todo lo contrario, y son dos las razones que propongo al respecto. La primera es el cosmopolitismo esencial de su cante. La segunda es la naturalidad con la que asume la diversidad geográfica del flamenco. Este disco es un buen ejemplo: por bulerías sabe a Jerez cuando lo desea. Por soleares es Alcalá o Cádiz. Su estilo oscuro, pleno de ritmo y colores flamencos, es uno de los más personales del panorama actual. El Pele es un artista inquieto en lo vital y lo intelectual. Su personalidad arrolladora no sabe estarse en la pura melodía clásica. De formación ortodoxa, no le cabe otro remedio que ser vanguardista. Asume las escuelas de las que es heredero por la generación a la que pertenece, pero sabe mirar hacia delante a la búsqueda de nuevos sones.
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