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Val | Estreno en Amazon Prime

La estrella en su laberinto

Val Kilmer, quien fuera una de las estrellas masculinas más rutilantes del Hollywood de los ochenta y noventa, se pasea hoy por ferias y convenciones firmando autógrafos y estrechando la mano a todos esos fans que han hecho de la nostalgia y la memorabilia pop su razón de ser dentro del mundo del espectáculo.  

Aquejado de un cáncer de garganta que lo tiene mantiene hablando a duras penas gracias a un botón en su garganta, Kilmer se desnuda en este documental que se nutre fundamentalmente del material de vídeo casero que el actor fue acumulando desde su juventud, también de las películas amateur que rodó junto a sus hermanos, uno de los cuales fallecería como consecuencia de un ataque de epilepsia en un episodio que se recupera aquí de manera recurrente para marcar cierto halo trágico que compensa la fulgurante carrera de éxito desde su desembarco en Hollywood en una serie consecutiva de títulos taquilleros como Top Secret, Top Gun, Willow, El Santo, The Doors, Tombstone, Amor a quemarropa o Heat.

Alternado el autorretrato íntimo narrado en primera persona (por la voz de su hijo Jack) y esas imágenes de archivo, algunas de las cuales funcionan como un curioso detrás de las cámaras que tal vez hoy no autorizaría ningún gran estudio, Val se abre así a la confesión sobre la profesión del actor con una mezcla de ego apaleado por las circunstancias y un espíritu burlón y autoparódico que permite al actor recrear con sorna algunos episodios de su trayectoria, como aquel Batman forever de Schumacher en el que toda posibilidad de interpretación quedó sepultada por el vestuario y la máscara.

Se rememoran también otros hitos de su carrera, el trabajado papel de Jim Morrison a las órdenes de Oliver Stone, los que pudieron ser y no fueron (La chaqueta metálica, Uno de los nuestros), las bromas a costa de Tom Cruise durante la filmación de Top Gun, el decepcionante encuentro con Marlon Brando en el accidentado rodaje de La isla del doctor Moreau, o su último gran proyecto personal, justo antes de la enfermedad, un monólogo teatral sobre Mark Twain que el actor también pretendía llevar al cine.

Con la memoria familiar siempre en el recuerdo, sin eludir el declive, los peajes y la crisis, y con la explícita proyección de futuro para sus dos hijos, Kilmer se muestra aquí como un tipo sensible y autoconsciente, también como un eterno bufón que se resiste a dejar de entretener a esa cámara que, ya fuera en su rancho de Nuevo México o un set de rodaje, siempre quiso tener cerca.