El Apocalipsis según Ferrara

Zeros and ones | Crítica

Ethan Hawke en una imagen del nuevo filme de Abel Ferrara.
Ethan Hawke en una imagen del nuevo filme de Abel Ferrara.

Ficha

**** 'Zeros and ones'. Thriller metafísico, EEUU, 2021, 85 min. Dirección y guion: Abel Ferrara. Fotografía: Sean Price Williams. Música: Joe Delia. Intérpretes: Ethan Hawke, Valerio Mastandrea, Cristina Chiriac, Babak Karimi, Dounia Sichov, Salvatore Ruocco.

Es casi un milagro que esta nueva cinta de Abel Ferrara llegue a la cartelera y no precisamente a las salas de versión original. Una película, Zeros and ones, que prolonga el idilio del cineasta neoyorquino, posiblemente uno de los autores más libres e inspirados del momento, con esa ciudad de Roma en la que ha rehecho su vida personal y que también ha convertido en nuevo escenario fantasmal, sombrío y nocturno para películas que hablan indistintamente de él mismo, de sus temas de siempre o del presente en un estilo reconocible donde la realidad y los sueños (más bien pesadillas) se confunden en una textura genérica (aquí el cine de espías) tan fascinante como difícil de desentrañar.

Pero qué más da, Zeros and Ones nos seduce en sus formas suspendidas y fragmentarias siempre limítrofes con la abstracción, formas difusas que dan aquí cuenta del periplo de un militar norteamericano (Ethan Hawke), quién sabe si un nuevo Mesías con mascarilla, que busca a su hermano (también Hawke) mientras el mundo a su alrededor se desintegra entre la amenaza del covid-19, el estado de sitio, una suerte de conspiración internacional y las señales de un nuevo Apocalipsis revolucionario capaz de hacer saltar el mismísimo Vaticano por los aires.

La cámara líquida de Ferrara, sus imágenes turbias, descentradas e inestables, nos conducen por un laberinto incierto que deja entrever los retales de la autobiografía, su obsesión por los textos sagrados y la iconografía religiosa o ese reciente gusto por hacer de su mujer e hija las protagonistas centrales o marginales de sus películas, entre los pliegues de un complot indefinido que no renuncia a hablar con urgencia del aquí y el ahora transfigurados en una pintura negra de interpretación libre. Mención especial para la banda sonora de Joe Delia, viejo cómplice sonoro que contribuye con sus atmósferas eléctricas a hacer de la vieja Roma un escenario fantasmagórico que anuncia el fin del mundo tanto como promete el advenimiento de otro nuevo.

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