El gozoso impulso de vivir y hacer cine
Nouvelle Vague | Crítica
La ficha
***** 'Nouvelle Vague'. Comedia dramática, Francia, 2025, 105 min. Dirección: Richard Linklater. Guion: Holly Gent, R. Linklater, L. Masson, V. Palmo Jr., M. Pétin. Fotografía: David Chambille. Intérpretes: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Benjamin Clery, Bruno Dreyfurst.
En su particular annus mirabilis, el texano Richard Linklater nos ha traído en 2025 dos obras maestras que no se parecen entre sí más allá de que cada una responde con absoluta entrega, estilo y tono propios a sus respectivos asuntos y propósitos: Blue moon al retrato congelado y concentrado en el momento del gran compositor Lorenz Hart (un soberbio Ethan Hawke) en su lúcido ocaso autodestructivo, y esta Nouvelle Vague a la reconstrucción ficticia de los avatares que rodearon el rodaje de la mítica Al final de la escapada (À bout de souffle, 1960) de Jean-Luc Godard, pistoletazo de salida oficial de la no menos relevante nueva ola francesa que abanderó el cine moderno desde finales de los años cincuenta del pasado siglo.
Una mitología empero que Linklater no trata de conservar en el formol del mero homenaje cinéfilo o la pulcra reconstrucción de época y circunstancias (los Cahiers, las sesiones de la Cinématèque, Cannes, los productores, las fiestas, los cafés…), impecable en todo caso en las texturas y formato del blanco y negro, los parecidos razonables y las localizaciones naturales, sino que vuela como verdadero y vibrante festín que no cae nunca en caricatura imitativa, elevando el material original, sus personajes y las circunstancias de su gestación a la categoría de celebración agradecida de los audaces, valientes y visionarios protagonistas que sacaron al cine francés de sus corsés industriales y ciertas tendencias para lanzarlo definitivamente hacia un futuro sin límites para la expresión personal y el deseo de hacer cine como prolongación de la vida.
Nouvelle Vague se sitúa así lejos de la nostalgia, acompañando el pasado con ligereza y ritmo sincopado en un doble juego arqueológico y plenamente contemporáneo, en la crónica coral y polifónica, ahí están todos los que son con sus nombres y apellidos (Truffaut, Rossellini, Seberg, Belmondo, Gréco, Melville, Beauregard, Bresson, Chabrol, Demy, Varda, Resnais, Rivette, Coutard, Rohmer, Doniol-Valcroce…) interpelándonos de frente, de un rodaje (ojalá todos fueran así) que cambió las reglas de juego en las calles y bulevares de París bajo la atenta mirada y la chispeante mente en movimiento de un Godard verdaderamente renacido gracias a un prodigioso Guillaume Marbeck, lejos de la ofensa de Hazanavicius y Garrel en la infame Mal genio o a prueba de todos aquellos pobres ignorantes que aún hoy lo siguen despreciando sin piedad ni gratitud.
Linklater consigue moverse con pasmosa soltura y precisión historiográfica por aquel mundo y aquellas jornadas a la carrera, pero sobre todo consigue reconstruir la peripecia azarosa, juguetona y libre de aquel rodaje como la casa fundadora del cine por venir, también el suyo, que ha citado tantas veces esos orígenes y asumido esa deuda de una forma u otra desde Slackers hasta su memorable trilogía romántica Antes de…, sin olvidarnos de la filosófica, animada y baziniana Waking life.
También te puede interesar
Lo último