Estreno absoluto en el Teatro Central

'Hermanas': el combate emocional de Bárbara Lennie e Irene Escolar

  • El Central acoge este viernes el estreno absoluto de esta obra del dramaturgo francés Pascal Rambert

  • La pieza, descarnada e intensa y en cartel hasta el domingo, retrata a dos mujeres "que se quieren pero se odian"

Bárbara Lennie e Irene Escolar, este martes en el Teatro Central. Bárbara Lennie e Irene Escolar, este martes en el Teatro Central.

Bárbara Lennie e Irene Escolar, este martes en el Teatro Central. / Víctor Rodríguez

Dos mujeres se reencuentran tras la muerte de su madre y, tras un episodio de incomprensión mutua relacionado con su pasado, estalla el conflicto. Ésta es la situación que propone Hermanas, una obra escrita y dirigida por el francés Pascal Rambert casi expresamente para Bárbara Lennie e Irene Escolar, dos de las actrices más solventes y cotizadas de la escena española actual, que por primera vez coinciden en una obra.

El Teatro Central acoge este fin de semana –viernes, sábado y domingo– el estreno absoluto de esta pieza que comienza así, in media res, sin más pistas previas ni argumento como tal, y que promete altísimas cotas de intensidad emocional, como podrán intuir ya quienes vieran en su momento en este mismo teatro La clausura del amor.

A esa bellísima y descarnada obra –también de Rambert y protagonizada por Lennie junto a Israel Elejalde, en aquel entonces su pareja también fuera de los escenarios– se debe, en parte, el origen de Hermanas. El entendimiento entre el dramaturgo y la actriz fue tan grande que el primero, en una visita a España, consolidada ya su amistad con la "pequeña familia" del Teatro Pavón (al que Lennie está muy ligada), le anunció que iba a escribir una obra para ella.

"Le pregunté con quién quería trabajar, y ella me dijo que con Irene", cuenta el francés. "Sólo puedo sentirme agradecida por este regalo –tercia Escolar–, porque es uno de los más bonitos que me han hecho. Es una de las experiencias más intensas y brutales que he vivido sobre un escenario".

Dice Rambert que él escribe obras "en las que la gente defiende su vida", y que es incapaz de escribir "por debajo de ese nivel". Y eso, a grandes rasgos, cuenta Hermanas. "Se trata de entender la relación que existe entre dos personas que se quieren pero se odian", dice Lennie. "Y eso es algo complicadísimo. A mí misma, al principio, me costó entenderlo", reconoce Escolar. "No hay manera de hacer una obra así si no te metes en ella desde el principio hasta el fin, desde la uña del dedo del pie hasta el último pelo de la cabeza", añade Lennie, que tras su participación en La clausura del amor –el título da todas las pistas necesarias sobre lo que con suma crudeza abordaba– esperó esta nueva colaboración con Rambert "con todas las expectativas y también con todo el temor".

"Yo lo único que le pido a los actores con los que trabajo es que vayan al límite", explica el francés, que prefiere escribir sus papeles para "personas" en vez de para "personajes". "Yo no hago teatro burgués. Escribo sobre gente inquieta, que no está tranquila ni tiene la cabeza de vacaciones. Escribo sobre la relación con la vida que tiene esa clase de gente. La gente insatisfecha. Las que tienen heridas, porque yo creo que las personas con heridas son hermosas y, en cambio, a la gente a la que todo le va bien no le encuentro ningún interés", añade Rambert.

El dramaturgo da estas pinceladas sobre Hermanas casi con reticencia –aunque muy apasionadamente– porque no le gusta "explicar las obras" ni “las cosas que se dan por sabidas de antemano". "No escribo novelas", insiste el dramaturgo, uno de los grandes nombres del teatro europeo de los últimos años, "sino teatro, por lo que mi trabajo es darle forma a la oralidad".

"Hay algo en el teatro de Pascal de tragedia griega, pero contemporánea. Es difícil de explicar, pero está ahí... Hay algo de vuelta a la esencia misma del teatro: actores, la fuerza de los cuerpos y un texto extraordinario", comenta Escolar.

Lennie aporta algunas otras claves de Hermanas: "Es una obra del aquí y el ahora, y en ese sentido es menos poética que La clausura del amor. Y desde luego no es una obra teórica. Está en ella la hermandad, la manera en que nuestros vínculos familiares determinan nuestra manera de experimentar la vida, cómo el lenguaje construye la realidad, un tema que suele interesarle mucho a Pascal... El texto es una auténtica barbaridad". A su lado, Escolar asiente y Rambert, que cultiva aires casual de enfant terrible, suelta una risita aguda y estentórea.

En el teatro de Rambert, que trabaja "desde la hipertextualidad y el despojamiento", apunta Manuel Llanes, responsable artístico del Central, es fundamental contar con intérpretes que sean "auténticos guepardos". Las dos se ríen. Aunque luego Escolar reconocerá que ambas se han convertido, en este trabajo, "en dos instrumentos más afinados que nunca para tocar las notas" que pedía el dramaturgo y director, un trabajo –apunta después Lennie– que resulta a la vez placentero y agotador, "porque hay que estar siempre arriba arriba arriba".

Por ello, pese a la manifiesta reducción de aforo –en un cartel con dos actrices de gran tirón además–, la obra se verá en la sala B del teatro. "Este espectáculo, para ser disfrutado plenamente, para sentirlo como sus artífices quieren que se sienta, necesita un espacio pequeño. En la sala grande, a partir de la fila 10, se pierde esa intensidad, esa emoción", explica Llanes, que está intentando por eso mismo –el escaso aforo de la sala B– cuadrar las agendas de las dos actrices para traerlas de nuevo con esta obra en 2020.

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