Cultura

'La mano invisible' retrata la precariedad laboral

  • David Macián presenta en el SEFF su debut, una adaptación de la novela homónima de Isaac Rosa

Desde la austeridad, sin más banda sonora que el ruido que hacen los trabajadores cuando están realizando sus oficios, David Macián retrata la crudeza del mundo laboral en su primer filme, La mano invisible, una cinta que compite en la sección Las Nuevas Olas y en la que Macián adapta la novela homónima del sevillano Isaac Rosa. Tanto el director como el autor del libro buscan que el espectador se plantee si hay una manera mejor de enfocar el trabajo que la actual, en definitiva, "descontextualizar el mundo laboral".

Para lograr este objetivo, el director ha reunido a un equipo joven -Anahí Beholi, Edu Ferrés, Bruto Pomeroy, Marina Salas o Christen Joulin forman el reparto- que ha actuado de forma cooperativa y aportado ideas tanto a la hora de gestionar el proyecto desde el punto de vista financiero como en el desarrollo del rodaje.

Macián explicó que la adaptación tiene "una estructura coral, con un ritmo más ágil que la novela", porque el libro de Rosa "tiene tintes de ensayo" y es muy descriptivo con las particularidades de cada oficio. Precisamente, el director apuntó que la amplia descripción que realiza Rosa de los trabajadores y sus empleos "fue más que suficiente para explicar los personajes a los actores. Lo único que hice fue distribuir el libro entre el equipo y no hizo falta explicar más matices porque la novela es muy buena materia prima".

El director subrayó que el espectador puede identificarse fácilmente con los 10 protagonistas que aparecen en el largometraje: "Cualquiera que vea la película puede verse reflejado en los trabajadores e incluso los conflictos laborales son los mismos. La cinta carece de efectismos".

Según el autor de la novela, el largometraje genera la sensación de que los protagonistas "no tienen nada más que el trabajo y que sus sueños y aspiraciones giran en torno a el". Rosa recalcó que la luz, que proyecta en las escenas "una estética de naturaleza muerta clásica", y el haber tomado una nave industrial como plató han sido determinantes para conseguir este efecto.

El autor de novelas como El vano ayer y El país del miedo añadió que la película "hace preguntas que ya eran cuestionadas antes de la crisis y cuyo planteamiento es incluso más pertinente y urgente en la actualidad". Rosa recalcó que la baja financiación de la cinta "es un reflejo de la precariedad en la que vive la cultura en España".

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