Festival de Cine de Sevilla | Película inaugural Un amor a vida o muerte en un mundo sin encanto

  • Christian Petzold inaugura (a distancia) la decimoséptima edición del SEFF con 'Ondina', una relectura en clave contemporánea del ancestral mito de la ninfa acuática de la cultura germánica

Franz Rogowski y Paula Beer, en una imagen de 'Ondina'. Franz Rogowski y Paula Beer, en una imagen de 'Ondina'.

Franz Rogowski y Paula Beer, en una imagen de 'Ondina'. / D. S.

En algún momento de un tiempo arcano arraigó en el imaginario colectivo del norte de Europa la figura de una ninfa que emergía del agua para consolar a los hombres con el corazón roto que se acercaban a llorar su desgracia amorosa a la orilla de un lago o un río. Es la ondina, una criatura similar a lo que hoy conocemos como sirena, pero con su barniz germánico de crepúsculo incendiado y destino trágico, pues la maldición, el precio que la ondina paga por su belleza irresistible, consiste en que si el hombre reconfortado, ingrato, luego la traiciona y la olvida, y eso es lo que suele suceder, ella deberá acabar con su vida. Aunque sea, como confiesa una de estas criaturas en la versión del mito que firmó Fouqué, una de las favoritas del cineasta Christian Petzold, "llorándole hasta matarlo".

En Ondina, la película con la que el Festival de Cine Europeo de Sevilla inaugurado este viernes su decimoséptima edición, Petzold, uno de los directores alemanes más interesantes de su generación, propone una relectura de este mito en el mundo contemporáneo. Galardonado en la pasada Berlinale con el premio de la crítica internacional y el Oso de Plata a la mejor interpretación femenina para su protagonista, Paula Beer, el filme adopta, si bien desde un prisma muy personal, las formas familiares de géneros como el fantástico y el melodrama para ofrecer dos retratos tan hermosos para la vista y el oído como tristes para el corazón: el de una mujer que lucha contra la desesperación y, abriendo el plano, el de un amor en proceso de desarrollo.

La película está narrada desde el punto de vista de nuestra particular ondina actual, una mujer moderna, culta e historiadora experta en urbanismo. Tras un accidental encontronazo con un buzo profesional (Franz Rogowski) siente, esta ondina berlinesa, protagonista y consciente de su propia historia, liberada de la condición de "proyección del deseo masculino" que tradicionalmente ha explicado la existencia de estas criaturas mitológicas, que acaba de conocer a un hombre que, por fin, la ama tal como es. De manera que con todas sus fuerzas luchará por no matar ni regresar a las profundidades de ningún lago. Luchará, en fin, para no perder ese amor.

El director alemán Christian Petzold (Hilden, 1960). El director alemán Christian Petzold (Hilden, 1960).

El director alemán Christian Petzold (Hilden, 1960). / D. S.

Reconoce Petzold su devoción por la tradición oral, por las canciones y las narraciones sin dueño. "Tal como yo lo concibo el cine está muy cerca de los cuentos de hadas, más cerca incluso que la literatura", dice en su encuentro telemático el director, que, al igual que su personaje, tiene debilidad por el romanticismo (el de verdad, el del siglo XIX, no el de Meg Ryan). Frente a la especulación inmobiliaria que desdibuja cuando no destruye las ciudades –la profesión de su ondina urbana del XXI le permite canalizar este tipo de reflexiones– y frente a un capitalismo bulímico que "va a durar aún 2.000 o 3.000 años" pese a haber conducido al mundo a una "crisis enorme, total", el cineasta quiere pensar, como Novalis, al que cita, que "hay una canción en todas las cosas de este mundo y tienes que leer la letra correcta para poder escuchar esa canción". "Es una idea muy romántica, y a mí me gusta. No creo que sea casual que en Alemania el mito de Ondina resurgiera con tanta fuerza en el XIX, cuando el país se industrializaba a marchas forzadas. En la vida necesitamos experimentar la belleza, no sólo hacer dinero", dice.

Y despojada de sus reflexiones urbanísticas y de su mirada a la gran ciudad –a Berlín en particular– como un gigantesco cúmulo de estratos de tiempo donde el pasado y el presente se entrelazan simultáneamente, Ondina, al cabo, es eso: la historia de dos amantes que con la felicidad y la belleza que son capaces de generar estando juntos iluminan, calientan, vale incluso decir encantan –siquiera fugazmente– un mundo que sin esa ilusión está abocado a tornarse feo, frío, indiferente.

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