Cultura

Un país sin tragedia

Ballet Flamenco de Andalucía. Baile: Patricia Guerrero, Sara Vázquez, Ana Adraz, Marta Arias, Mónica Iglesias, Maise Márquez, Eduardo Leal, Juan Carlos Cardoso, Ángel Fariña, Fernando Jiménez, Álvaro Paños, Pastora Galván, Rocío Molina, Rubén Olmo. Músicos: Zambullo, Fabiola, David Carmona, Manuel de la Luz, Chupete. Música: David Carmona, Agustín Diassera, Jesús Cayuela. Escenografía: Juan Ruesga. Iluminación: Juan Gómez Cornejo. Dirección y coreografía: Rubén Olmo. Lugar: Teatro Central. Fecha: del 17 al 22 de abril. Aforo: Tres cuartos.

El Ballet público andaluz estrena la fórmula "dirección por obra". Particularmente prefiero un compromiso mayor, un plazo para que las propuestas artísticas y formativas crezcan y se consoliden. Dirección por obra me suena a lo de la "cultura instantánea" de que habla Vargas Llosa. De esta manera la dependencia de los administradores es mayor, en detrimento de la libertad artística. Mientras nos invita a adelgazar, el Estado engorda.

Metáfora es una suite de hace un siglo de un país inexistente. Lugar sin tragedias, sin cainismos, con el drama de la nostalgia por lo perdido, lo que nunca existió: ese país. Olmo ha debido gozar de plena libertad porque su obra es un retrato exacto de su creador: lirismo sin temperamento. Puro color. Como si hace cien años nuestro romanticismo tardío no hubiese derivado en nacionalismo. Sin énfasis, sin estridencias. Un ballet sin casticismos, pero estrictamente flamenco y andaluz. También Marchena o La Argentina fueron jondos sin estridencias. Hermosa repostería flamenca es Metáfora. Algunos de los mejores coreógrafos y músicos flamencos no fueron casticistas, especialmente los franceses, italianos, argentinos y polacos. Ni la elegía final, precisamente por el país que no fuimos, cae en exceso alguno. La partitura de Diassera está a la altura de una coreografía poco comprometida pero plena de colores, con mudanzas boleras estilizadas, palillos del campo y algunas sombras de la China. Un gran acierto contar con música original de jóvenes creadores. Molina, excesiva, autoparódica, maravillosa, da el tono, la nota contra la que se afina toda la obra. El Ballet de Andalucía sigue siendo convencional pero, después de mucho tiempo, ha dejado de aburrir. Olmo significa para la institución una vuelta a lo mejor del pasado y, al tiempo, una inyección de juventud.

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