seff 2017

Un retrato fantasmagórico

  • Mathieu Amalric presenta 'Barbara', una suerte de 'antibiopic' de la dama más trágica y oscura de la 'chanson' protagonizado por Jeanne Balibar

En torno a la soledad y la muerte, a los recuerdos de los instantes de dicha de la infancia y a un puñado de amores esquivos, malogrados o nunca olvidados del todo, las canciones de Barbara, como dejó dicho ella misma, tienen garantizadas las lágrimas. Apenas conocida fuera del ámbito francófono pero adorada en su país, la cantante Monique Serf (1930-1997), alias Barbara en los escenarios a los que dedicó casi literalmente su vida, amiga de Jacques Brel y probablemente la dama más trágica y escurridiza de la chanson de los años 60 y 70, presenta unos contornos biográficos y una tendencia a ocultarse tras sucesivas máscaras que la convierten "prácticamente en un personaje de ficción". Maravillado y un poco "turbado" por la personalidad de esa mujer que a veces se pintaba la cara de blanco y parecía complacerse intimidando por igual a niños y hombres, el actor y director Mathieu Amalric compone un hermosísimo retrato lleno de ecos casi fantasmagóricos de la cantante francesa en Barbara, una película que presentó ayer en la Sección Oficial del festival y que protagoniza una impresionante Jeanne Balibar.

La actriz, antigua pareja de Amalric -hecho que más allá del mero apunte rosa tiene su propia resonancia en la película-, interpreta a una estrella de cine, Brigitte, que va a rodar un biopic en torno a Barbara a las órdenes de Yves Zand (Amalric), un director devoto de la cantante en tal grado que todo lo que tiene que ver con sus canciones de oceánica melancolía lo lleva inexorablemente de regreso a las pasiones y zozobras de los años de adolescencia en los que la artista le tocó el corazón para siempre. Como un rompecabezas hipnótico y preñado de música doliente y romántica, Barbara es a la vez ese biopic que se está haciendo, una película sobre el rodaje del mismo y, por momentos, algo incluso más complejo y fascinante donde se desvanecen las fronteras entre realidad y ficción.

Ahora, con internet, no tiene sentido hacer un 'biopic' como los de antes; el cine debe aportar algo más"

"Ante todo tenía claro que no iba a hacer una película de época. En los tiempos de internet, con tantísima información, ya no tiene sentido hacer biopics como los de antes, como director yo entiendo que debo aportar algo más que archivos y las grabaciones a disposición de todo el mundo, por mucha emoción que estos contengan. Se trataba de aprovechar todas las posibilidades que ofrece el cine para propiciar una encarnación y, en este sentido, hacer la película fue casi una sesión de espiritismo", explicó ayer Amalric tras el primer pase del filme. "Con la ayuda de un historiador, trabajé a fondo como un documentalista. Reconstruimos la cronología casi día a día de Barbara. No hay una sola palabra en la película que no fuera dicha por ella, ni una situación que no le ocurriese; pero a todo ese material quise darle un tratamiento algo abstracto para liberar a Jeanne de las obligaciones del biopic convencional, que con sus pretensiones de mimetismo encierra a los actores en una jaula. Este trabajo no podría haberla hecho sin Jeanne; y a ella cualquier otro planteamiento le habría aburrido", añadió Amalric, que tras una prolífica carrera como actor con gran tino para elegir sus papeles se destapó como un director -hasta la fecha- siempre interesante y personal.

"Rodábamos tomas de 20 o 25 minutos, largas, de modo que conforme avanzaba el tiempo conseguíamos crear una vibración, aparece una huella relacionada con Tournée y que no es exactamente documental, pero hay momentos en los que vemos que no es Barbara, ni su personaje, Brigitte, sino la propia Jeanne la que está ahí", afirmó. "Le proponemos al espectador un contrato que es una mentira, una mentira consentida, porque se ven las costuras de la película", añadió sobre esas capas unas dentro de otras como muñecas rusas y sobre los diversos materiales empleados, desde vídeos de la Barbara real hasta procesos de ensayo de Balibar -en los que ciertamente no se sabe muy bien si es ella misma o ejerce de Brigitte o Barbara-, pasando por fragmentos grabados en 16 mm. para imprimir el aspecto rugoso de lo real filmado al vuelo.

En todo caso, recalcó Amalric, más que un enésimo ejercicio de cine-dentro-del-cine, Barbara es una nueva muestra de la fascinación que siempre ha sentido el cineasta por los actores, por los artistas, por el mundo del espectáculo y la fortaleza y la fragilidad de sus gentes entre bambalinas, algo que ya abordó de manera cautivadora en la mencionada Tournée (2010). "Yo no quería rodar La noche americana ni Opening Night -dijo-. La cosa no iba por ahí... Uno es hermoso cuando se entrega a su labor, siempre me ha gustado ver a la gente trabajando, y Barbara vivió a través de la música. Esa otra cara del espectáculo siempre me ha interesado. Además, yo he vivido con muchas actrices y ya desde niño, ya que mi madre me llevaba mucho al teatro, me intrigaba la valentía de todas esas personas que pasan al otro lado y se exponen". Basta sumergirse en esta película, o en sus canciones, para comprobar con cuánta determinación, con cuánto misterio y cuánta belleza, lo hizo Barbara.

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