Análisis

Setefilla R. Madrigal

Ada Lovelace

Justo mañana se conmemora el Día Mundial de las Programadoras. La figura de Ada Lovelace es la escogida para hacer valer una profesión que tiene mucho que ver con las Matemáticas, ciencia que estudió esta mujer nacida en noviembre de 1815. La única hija del poeta romántico Lord Byron se decantó por los números por el empeño de su madre, para que esta no heredara la sensibilidad del escritor, del que se había divorciado justo un mes después de su nacimiento.

Pero lejos de aburrir con datos de Lovelace que vosotros mismos podréis encontrar en internet de la misma manera que yo, lo que destaco es un problema. Debido a una campaña publicitaria que me sugirió una compañera de trabajo (programadora ella), me he pasado la última semana buscando ideas. Una vez estructuradas estas ideas, dadas forma y desechado aquellas que no valían la pena, está la grandiosa tarea de montar la campaña. ¿Por qué no coger la figura de Lovelace de fondo para saber que estamos poniendo en valor el trabajo de muchas mujeres? ¿Muchas? La verdad es que no. Es una pena ver como hay determinadas profesiones que aún siguen siendo hangares donde determinados sectores de la población no entran, y no creo que sea por miedo. Voy a tirar de filosofía existencial de pueblo: nadie nace sabiendo. Es por esto que el problema no está en quién no escoge algo que no sabe que existe, sino en aquel que no se lo ha explicado.

Este es uno de los grandes retos que se encuentran las grandes empresas tecnológicas actuales que luchan por tener cada vez más representación femenina entre sus filas, pero con la disyuntiva de tener que escoger entre un gran público de hombres y una o dos mujeres. Tras haberme topado con la primera frustración del día, llegaba la segunda. A la hora de buscar inspiración para la campaña, con la que mis compañeros pudieran captar la idea de lo que se quería transmitir, venía el segundo hándicap: no hay fotografías de mujeres programando. Del gran abanico de posibilidades que te ofrecen los bancos de imágenes (gratuitos o de pago) no existía ni una sola posibilidad de coger a una mujer realizado trabajos de este tipo. En algunos casos daba con una fotografía con la chica en posición propicia mirando a su ordenador en una especie de comercio online, en otro, con el móvil en la mano y sonriendo. En ninguno de los casos, la mujer adaptaba una pose serie de: oye, perdona, pero yo también estoy trabajando. Y después de mucho buscar todo ha acabado en un montaje en Photoshop en el que se ve una pantalla al que los diseñadores le han insertado códigos de programación, así que por si acaso les deseo un feliz día a todas las programadoras. Llegará el momento, queridas, en el que no tengamos que hacer montajes.

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