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Análisis

José Sánchez Herrero

Catedrático de la Universidad de Sevilla

Adiós a un "Amigo"

Habíamos nacido el mismo día, 23 de agosto. Don Carlos tenía un año más que yo: el 23 de agosto cumpliría 88 años y yo 87. Nos carteábamos al menos en Navidad y yo trataba de encontrarle casi siempre que venía a Sevilla. Este año me escribió por Navidad y me decía: "Precioso y encantador relato". Era un hombre bueno, digno, que sabía hasta dónde tenía que llegar su autoridad. Cuando le nombraron arzobispo de Sevilla, algún obispo estaba esperando el cargo, pero le nombraron a él, un fraile franciscano procedente de tierra de misión. Y fraile continuó, firmaba sus cartas y documentos como "el menor". El Jueves Santo salía a visitar los Monumentos y Hermandades y Cofradías vistiendo su pobre hábito franciscano. Después se convirtió en un reformador. Con una vara de hermano mayor tomó parte, año tras año, en las diferentes hermandades y cofradías para darles silencio, organización, puntualidad, seriedad, devoción.

Vendió el viejo palacio de María Luisa Fernanda de Borbón, casada con el duque de Montpensier, cuya conservación suponía un gasto inasumible para la Iglesia de Sevilla sin ayudas de otras instituciones. Con el importe de la venta edificó un seminario nuevo y moderno, y construyó y arregló no recuerdo cuántas iglesias. Se deshizo de El Correo de Andalucía, que tanta presencia e influencia tuvo en Sevilla con don José María Javierre como director, porque era muy deficitario. Hubo quien visitó a católicos económicamente bien situados, buscando ayuda, pero sin éxito. Recibió a todo el que se lo pedía, visitó las cárceles, escuchó a una comisión de homosexuales que buscaban comprensión y respeto. Desde su presencia en tierras africanas se caracterizó por ser humilde y respetuoso. Ya en Sevilla contó con el inseparable hermano Pablo, miembro de la Cruz Blanca, congregación que el Cardenal Amigo impulsó.

Desde que lo jubilaron, lleno de vida, no ha parado: conferencias, pregones, misas de solemnidades cofradieras y de otro tipo, viajes a Roma y a otros lugares devotos. Además de algún libro, todas las semanas ha ejercido el apostolado de la pluma con un corto artículo de más de media página en el semanario Vida Nueva. Siempre un texto sencillo, claro, con un mensaje cristiano planteado dentro de la problemática actual. El último, publicado en el número del 23 al 29 de abril, lleva por título Dejarse encontrar. Afirmaba: "Cuando se olvida a Dios, siempre se vislumbra cualquier querencia hacia algún sucedáneo… Suele decirse estoy buscando algo, puede ser que a Dios…. Quien pretende recorrer este camino sin las bienaventuranzas y la misericordia, se equivoca. No es ese el modo de Jesús, no es ese el modo de la salvación…Sentir y gozar de la presencia de Dios. Es luz que conduce a la esperanza de un día siempre nuevo". Ese día ha llegado para el cardenal don Carlos Amigo.

No puedo guardarme unas preguntas que me inquietan y para las que no tengo respuesta. ¿Quién nombró, cuando el cardenal se encontraba en plenitud a los 74 años, un arzobispo coadjutor con derecho a sucesión en Sevilla? Por favor, esta no es ninguna crítica a mi también querido don Juan José Asenjo. El cardenal cumplió 75 años el 23 de agosto y, como está ordenado por el Derecho Canónico, presentó su renuncia al cargo. En la mayoría de los casos, por no decir en todos, se tarda un año o dos en nombrarle sucesor, ¿por qué en el caso del cardenal Amigo se le aceptó la renuncia tan sólo 72 días después? Don Carlos se fue a vivir a Madrid con su fiel hermano Pablo a una casita, aunque pasaba el día en la comunidad de sus hermanos franciscanos.

Descansa en paz, cardenal Amigo, "amigo" de todos, amigo de todos los sevillanos como lo han demostrado en este su último viaje a la Sede Arzobispal de Sevilla, sucesora de Leandro e Isidoro que regentaste 27 años, viaje que te ha conducido a un "día siempre nuevo". Porque "tu corazón se ha abierto por completo a Dios y te has encontrado con Él".

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