Análisis

José Ignacio Rufino

Amancio, argumento electoral

La donación de Inditex activa los extremos populistas, con gran éxito de encendidos voluntarios Acusar de defraudador y Darth Vader textil es grave, pero da pisto y sale gratis

A falta de encontrar el verdadero autor de la frase, se la atribuiremos al milagro alemán tras la Segunda Guerra Mundial: "Lo imposible ya lo hemos hecho, para los milagros nos estamos preparando". Cabe aplicarla al Sistema Público de Salud español, tenido por uno de los más eficaces, democráticos y completos del mundo. Quién puede dudar de que no es perfecto: pocas cosas no son perfectibles en la vida. Imposible imaginar en otros países más ricos un nivel tal de coberturas sin pago. No ser conscientes de que para mejorarlo y mantenerlo a alto nivel hay que contar con la capacidad de los Presupuestos públicos es eso, inconsciente… si no directamente demagógico. Ahí va una primera propuesta y casi conclusión de este artículo: podemos darnos con un canto en los dientes, y bienvenida sea toda donación privada que mejore el sistema, a falta de capacidad económica del propio país. En ese sentido, es justo dar gracias a Inditex y a su presidente, el rico Amancio Ortega, por donar máquinas costosísimas que no estaban presupuestadas por una cuestión de pura capacidad financiera: somos el país que somos. Y si así hace marketing pues es justa reciprocidad, no nos pongamos torquemadas. Quiero un sistema de salud público gratuito (nada lo es, pero por entendernos) y universal. De hecho, ese imposible lo hemos logrado. Los milagros son otra cosa.

En segundo lugar, retomemos la demagogia (RAE: "Degeneración de la democracia, consistente en que los políticos, mediante concesiones y halagos a los sentimientos de los ciudadanos, tratan de conseguir o mantener el poder"). Las elecciones siempre han estado preñadas de demagogia, pero lo de ahora, con ese poliedro multipartido tan inmasticable, unido a la guerra de los (no) españoles ricos, ha desatado la mentira polítiquera. Va, primero, por Pablo Iglesias e Isabel Serra, que no han dudado en aprovechar esta segunda donación (si gustan, busquen Tío Amancio en este diario, de noviembre de 2015) del gallego. No sólo lo han acusado de defraudador sin una sola prueba, sino que han desatado la ira de los que ya han seguido la muleta del diestro madrileño (aún lejos de cortarse la coleta): maltratador de niños del Tercer Mundo, opresor de costureras magrebíes, malvado Dr. No de la camisa que él manda a coser y que, seguramente, el indignado lleva puesta. ¿Dónde está la ilegalidad? ¿Dónde el delito fiscal? ¿Dónde la defraudación? Demagogia. Las elecciones apestan a la democracia tantas veces. Pero eso no es lo peor.

Lo peor es la marabunta indignada que hemos mencionado, que tiene su alter ego en la otra riada de apoyos arrobados. Ese otro lado de la trinchera es de derechas, por así decirlo, y se ha arracimado en las redes sociales en plataformas de las que algunos han tenido que huir porque vieron claro que estaban haciendo el otro caldo gordo: el de la derechona. Con calzón rojo, la izquerdona; con calzón azul, la derechona: vengan esos ganchos de derecha y crochets de izquierda, chavales. Y vengan justo antes de las elecciones de mañana. Con la inmediatez y el narcisismo de las redes sociales nos convertimos en correas de transmisión -vale decir mamporreros propagandísticos- de las demagógicas intenciones electoralistas de los populistas de uno y otro signo. Repito: bienvenidos sean los equipamientos que no podríamos costear si no es desatendiendo otras cosas importantes o fundamentales. Dentro de lo que es legal, y sin irse por las ramas milagrosas (el erario costea todo sin límite) y neomedievales (Rico=malo y ladrón). Y sin menguar la inversión y el gasto públicos, ¡claro! Repito también: teniendo en cuenta que somos unos privilegiados en Salud, a pesar de los pesares.

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