La Semana Santa de 2021 será recordada por las colas en las iglesias. Y también por los montajes de altares. A falta de una Semana Santa en las calles (sin pasos, costaleros, nazarenos, músicos y sin elementos definitorios que han faltado, incluso con tráfico estorbando que ha sobrado), se ha confirmado que el sustrato religioso de nuestras hermandades y cofradías es indiscutible. Los montajes ofrecen un componente artístico, pero en definitiva toda la imaginería religiosa de calidad es artística (me refiero a Martínez Montañés o Juan de Mesa, por ejemplo), y sin embargo de poco serviría cuando no predomina lo principal: la devoción religiosa, el amor a Cristo y a la Virgen.

En los montajes de altares hemos visto un enorme esfuerzo de las priostías. También diversas sensibilidades cofradieras para afrontar este año tan especial. En las colas había personas de todas las edades, con muchos jóvenes. Colas que eran más largas según avanzaba el día, singularmente por las tardes, cuando terminaba la jornada laboral y cuando salían las pandillas de jóvenes, que en Semana Santa no se han dedicado sólo a ir de copas, dicho sea de paso. Los servicios policiales han vigilado más las iglesias que los bares, lo que también llama la atención. Pues las medidas deben ser cumplidas por todos, en espacios cerrados y al aire libre.

Fue una Semana Santa de interiores, ya que en el exterior sólo había colas y colas. O sea, gente guardando las distancias, más o menos, y respetando los aforos de los templos. ¿Pero qué ocurría dentro? En los altares, más allá del aparato decorativo, lo importante son las sagradas imágenes titulares. El misterio más representado ha sido el Cristo Crucificado en el Calvario y la Virgen a su vera, a veces acompañada de San Juan y las Marías, o incluso de más personajes. Los más puristas han criticado la presencia de imágenes no sagradas, del sector de los secundarios, incluso animales o árboles en altares. Sin embargo, se debe explicar que no hemos visto muchos esbirros subidos a los altares, ni a Pilato, ni a otros así. Además de que ese personal de las tropas romanas y los sanedrines (o sea, los malos, en general) mayormente estaba en las exposiciones de la Fundación Cajasol y del Casino de la Exposición, que también han abierto durante la Semana Santa para mostrar una antología del patrimonio.

Los cultos internos se han salvado, con aforos reducidos (a veces demasiado reducidos), retransmisiones de streaming por Youtube y otros recursos, cuando no era posible que acudieran todos los hermanos. Semana Santa de puertas adentro y de colas afuera, que sólo se puede entender como algo excepcional, propio del pandémico 2021. A los repipis que dicen que esto puede marcar un antes y un después, hay que ponerlos en cuarentena de paridas, pues se empieza con un tono piadoso y no se sabe cómo se termina.

Ha sido algo excepcional, sí. Y lo excepcional es lo que no debe repetirse, salvo en circunstancias anormales. Interesa más que en 2022 haya colas en las iglesias por las mañanas y procesiones por las tardes. Y también interesa que mucha gente sepa que las iglesias abren todo el año, y que pueden rezar al Cristo y a la Virgen de sus devociones todo el año, no sólo en Semana Santa. Si algunos lo entienden y lo practican, la espera en las colas habrá merecido la pena.

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