Datos certeros, discursos vacíos, insultos peligrosos

El presidente andaluz, Juanma Moreno, durante su viaje a Portugal. El presidente andaluz, Juanma Moreno, durante su viaje a Portugal.

El presidente andaluz, Juanma Moreno, durante su viaje a Portugal. / EP

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No hay nada tan certero, tan quirúrgicamente letal como un dato. Un dato real, claro. Toda la palabrería del agravio, del victimismo, del catastrofismo agorero –desplegada estos días ante la investidura– es retórica hueca comparado con la fuerza de un simple dato. Y aquí el PP, con sencillez, se anota su mejor crítica hasta ahora ante el nuevo Gobierno al que han recibido a portagayola haciendo vaticinios funestos.

Por supuesto no se trata de concluir que un Gobierno pequeño sea necesariamente mejor, o que un Gobierno grande al final resulte incontrolable. Todo dependerá de la eficacia de la gestión. Ya habrá tiempo. Pero el dato tiene la pegada al poner en evidencia el autocheque en blanco del nuevo Gobierno para nombras cargos, altos cargos y cargos más bajitos.

La clase política debería aprender esa lección. El PSOE, por ejemplo, tuitea que "Todos los indicadores económicos y sociales demuestran que Andalucía está peor que hace un año. Hoy hemos hecho balance del gobierno de Juanma Moreno, que está llevando a cabo políticas de extrema derecha insensibles con las personas". El tuit se acompaña de un vídeo con ese balance: "Rotundamente [Andalucía] está peor que hace un año, Está peor en los indicadores económicos. Está peor en la atención de los servicios públicos a los andaluces. Está peor en la confianza que genera dentro y fuera de nuestra tierra. No se ha creado el empleo que prometió el actual Gobierno; y se ha producido una ralentización de la economía andaluza y también de esos datos positivos que heredaron de creación de empleo en nuestra tierra. Andalucía sufre un cambio a peor; y eso está muy lejos de avanzar en derechos, en consolidar los servicios públicos, y está más cerca aún del retroceso y de los recortes en aquello que garantiza el Estado del Bienestar y la igualdad de oportunidades". Fin de la cita.Y ¿qué llama la atención en este discurso? Pues eso, que no hay un solo dato, ni siquiera uno solo. Ni de confianza, ni de paro, ni de servicios públicos, ni de nada. Un discurso así quizá excite a la clientela, pero a nadie más.

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Susana Díaz se lamenta, y con razón, no ya de los insultos, sino de la normalización de los insultos. En las redes son cada vez más descarnados.

No importa quién sea el patán tan ridículo como cobarde que hay detrás de ese perfil. Nada menos sugerente que seguir su cuenta privada en Instagram para indagar en los indicios. En definitiva, de esos en las redes hay por miles, de todas las ideologías; y este será previsiblemente de la extrema derecha, aunque podría ser de cualquier partido entre las tres derechas. Esto es poco relevante para el caso. Como dice Soto Ivars, autor de Arden las redes, en esto de los ciberinsultos no hay tantas diferencias entre derecha e izquierda. No son las siglas, sino la catadura del individuo. El autor de ese "no se puede puede ser más asquerosa" dirigido a la ex presidenta, concluyendo que "os merecéis [¿quiénes exactamente? ¿Socialistas? ¿Izquierda? ¿Todos los que apoyan la investidura? ¿Todos los demás?]" no merece siquiera un sarcasmo estilístico, porque lo ético va de suyo.

La polarización es un caldo de cultivo peligroso, y tipos como los portavoces de PP y Cs en el Parlamento andaluz tienen pendiente un examen de conciencia sobre sus exhibiciones semanales en la cámara. La clase política tendría que reconsiderar ese juego de aprendices de brujo. Hay estudios que indican que la derecha tiende más a la crispación, y en la investidura se ha alcanzado el máximo histórico de mensajes negativos, pero también sucede en la izquierda. Gran escuela.

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Si hay algo que no se le puede cuestionar a Teresa Rodríguez es la transparencia. No tiene dobleces. Todo en ella queda expuesto sin ambages: su dogmatismo inflexible, su sectarismo implacable, su demagogia. Honestamente expone todo a la vista.

En su tuit hay tres detalles: primero, no felicita ni desea suerte al Gobierno sino sólo a sus conmilitones; es más, deja anotado que ella discrepa aunque ojalá tengan éxito, con lo que se queda con el as de que si va bien, estará encantada, y si va mal, se atribuirá la autoridad moral de sus advertencias; y por supuesto sitúa la esperanza no en quienes van a pilotar ese Gobierno, sino solo en sus compañeros. Eso es no guardarse nada en la manga, con un sectarismo ajeno a cualquier simulación. Eso sí, incluso sus seguidores en Twitter dieron a la nº 1 de Adelante Andalucía hasta en el carnet de identidad. Los líderes tienden a ser mucho más dogmáticos que los votantes, sobre todo en las ideologías radicales.

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