Análisis

Francisco Casero vicente jurado

Fundación Savia

Día Mundial del Medio Ambiente

La actividad industrial y el impulso en energías renovables, líneas obligadas de actuación

El martes se celebró el Día del Medio Ambiente, un toque de atención sobre lo que hacemos en nuestro planeta. Una primera manifestación del tremendo impacto que nuestra especie está provocando en la Tierra es la existencia de hasta seis manchas flotantes de plásticos en el océano Pacífico, alguna como la localizada frente a Chile, cuatro veces mayor que de España. Los mares están saturándose de los plásticos que utilizamos en las actividades industriales y domésticas, con el gran impacto sobre las poblaciones de peces y mamíferos que habitan sus aguas. La UE acaba de tomar nota del asunto y propone reducir las bolsas de plástico de un solo uso que se cobrarán obligatoriamente a partir del 1 de julio.

Una segunda manifestación a nivel global y de mayor alcance aún, es el progresivo aumento de las temperaturas debido al cambio climático que está provocando -entre otros efectos- una reducción acelerada de la extensión de hielo en el Ártico y un aumento de los episodios de sequía, lluvias torrenciales y huracanes (qué decir de las granizadas y de los intensos aguaceros caídos hace unas semanas en Andalucía). Si a ello le sumamos la constatación inequívoca de la elevación del nivel del mar y la extinción acelerada de especies vegetales y animales en todo el planeta, el panorama para los próximos años es desolador. Y eso a pesar de la Convención de París 2015 que parecía marcar un punto de inflexión en la emisión de gases de efecto invernadero y un compromiso de la comunidad internacional del que ya se ha descolgado EEUU, que es junto con China el principal emisor mundial de esos gases.

Desde luego y sin querer parecer pesimistas, en Andalucía la cosa tampoco anda muy bien. La reapertura de la mina de Aznalcóllar sin la obligada evaluación de impacto ambiental, con el consiguiente riesgo que aún entraña, no parece una buena opción y más cuando el gobierno regional se vanagloria -y en parte con razón- de los éxitos alcanzados con el Corredor Verde del Guadiamar y la recuperación de 4.800 hectáreas afectadas por el vertido tóxico de hace 20 años. El cementerio nuclear de El Cabril en Hornachuelos sigue recibiendo materiales de otros puntos del Estado, quizá incluso de la desmantelada central nuclear de Garoña, con el riesgo asociado que eso conlleva. El vertedero de Nerva sigue activo a pesar de la grandísima oposición durante años por parte de movimientos vecinales, ecologistas y de algunos partidos políticos, con dudas sobre la seguridad de los residuos tóxicos almacenados allí y sin la creación de empleo que se esgrimió en su día.

Por ello, nos parece importante que desde el Gobierno andaluz, se active el impulso a las energías renovables, paralizadas por el anterior Gobierno nacional, y de las que podríamos ser referente en toda España e incluso en Europa. La bonificación de un porcentaje en el IBI para las viviendas que tengan instaladas placas solares es ya una iniciativa que están llevando a cabo algunos ayuntamientos andaluces.

Asimismo, dado el alto grado de contaminación detectado en las áreas metropolitanas de algunas ciudades andaluzas (Sevilla, Málaga, Granada, Cádiz) habría que activar un plan de medidas de movilidad sostenible, de peatonalización e incremento de las zonas verdes en pueblos y ciudades de forma que hagamos más saludable y amigable nuestros espacios diarios de trabajo y ocio. Piénsese que gran parte de nuestros desplazamientos los hacemos en vehículos a motor diésel o gasolina y que en breve, en algunos países europeos el diésel va a desaparecer. El Plan de Movilidad Sostenible ha de incluir bolsas de empleo que permitan ya la creación de puestos de trabajo relacionados con las energías renovables, la educación y formación ambiental, la agricultura ecológica y en terrazas y balcones y el urbanismo bioclimático.

Necesitamos también un Plan de Medidas Urgentes que atienda los problemas de nuestros bosques, dehesas y matorrales, afectados por la enfermedad conocida como la "seca" que está matando encinas, alcornoques y otras especies y que tenemos que atajar cuanto antes, basándonos en la investigación forestal necesaria - y para ello hace falta inversión en el sector-. Y una mención aparte a nuestras dehesas y a la ganadería trashumante que están en grave riesgo de desaparecer. La dehesa es un ecosistema milenario, sostenible e irreemplazable, que necesita de la presencia permanente del ganado y de la actuación diaria y continua del hombre. Así es como ha pervivido durante siglos y como ha llegado a ser un modelo único y paradigma europeo de aprovechamiento racional de recursos naturales. La dehesa conforma nuestro paisaje mediterráneo, ayuda a la mejora de la biodiversidad, participa activamente en la lucha contra el fuego y la desertificación, fija la población en el medio rural, y es un "cheque en blanco" para negociar y compensar los objetivos agrarios comprometidos para la amortiguación del cambio climático, contribuyendo además al nuevo concepto de salud pública, al activar nuestro sentido de disfrute y bienestar social. Se han estimado pérdidas en el sector agroganadero que no auguran una perspectiva de mantenimiento de esos bienes y servicios públicos. Y las ayudas de la PAC van a disminuir para el próximo período de aplicación. Pedimos al Gobierno andaluz que haga un esfuerzo presupuestario y una mejor política social y verde para los próximos años.

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