Hay una parroquia en San Pablo que tiene el nombre de mi santo patrón: San Francisco Javier. Su párroco es don José Antonio Parrilla, gran asuncionista y cofrade de Jesús Nazareno en San Antonio Abad. Allí, en su parroquia moderna, a un tiro de piedra de la de San Ignacio de Loyola hay muchos nazarenos que están comenzando el rito lento y medido de la preparación de las túnicas.

En la parroquia del padre Parrilla, mañana por la mañana, comienza el turno del Jubileo Circular, que ustedes saben que va corriendo a lo largo del año cada tres días adorando de forma especial en templos diferentes al Señor Sacramentado. Viene del Salvador y luego saltará a San Bernardo, a cargo de la torera cofradía del arrabal, puente aparte. A lo largo del mes andará en la eterna dualidad del centro y la periferia: La Trinidad, Pino Montano, la capillita de Jovellanos, la calle Previsión...

El Jubileo es un ciclo vital que cabe entre San Roque y San Esteban, que son los turnos que van del 1 de enero al 28 de diciembre (Bellavista cierra el año pero no tiene parroquia donde celebrarlo). En lo que va de un año a otro, el cofrade, como el Jubileo, ha recorrido espiritualmente todas las etapas de un itinerario espiritual que le lleva de la entrada de su cofradía a la inmensa alegría de la salida después de un año de espera.

El Jubileo es el de la soledad del Señor, expuesto en tantas capillas en las que siempre hay uno que habla pero casi nunca escuchan los que debieran. En el corazón de cada cofrade hay un jubileo circular que no sabe de calendarios ni de abandonos. Un Jubileo del alma siempre puesta en el Señor, un Jubileo Circular en el que cabe toda una vida. Mañana el Jubileo está en San Francisco Javier, y allí, sin saberlo está el corazón de Sevilla adorándolo. Cuando leas un cartel "El Señor está aquí y te llama", allí está tu alma, tu fe, tu corazón de cristiano y de cofrade. Como diría Manuel González: "No lo dejéis abandonado".

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