Crónica Personal

Marlaska: de héroe a villano

Batalla. Las mentiras del ministro del Interior en su guerra abierta con la Guardia Civil ha laminado su imagen previa de juez insobornable y su carrera política pende ahora de un hilo

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el Senado. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el Senado.

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, en el Senado. / Kiko Huesca / Efe

Hace cinco o seis años, Fernando Grande-Marlaska era probablemente el juez que acumulaba más simpatía, admiración, reconocimiento a su trabajo en el que destacaba su lucha implacable contra ETA. Era el juez insobornable, inasequible a las presiones de ministros y colegas. Nada que ver con algún compañero que se hizo famoso por sus malas instrucciones pero que se forjó una imagen de juez estrella por su capacidad ilimitada para convocar a periodistas para las detenciones en el mundo del terrorismo o el narcotráfico.

Marlaska no pertenecía a ninguna asociación profesional, todas politizadas, pero se le consideraba cercano al PP. Y aparentemente lo era, de hecho fue vocal del Consejo General del Poder Judicial a propuesta del PP. Sin embargo, personas cercanas a Rajoy niegan que presionara para que se le nombrara Fiscal General del Estado o ministro de Justicia.

Lo que quedó claro al aceptar la oferta de Sánchez para ser ministro del Interior fue que le tentaba la política. Sólo así se comprende que la respuesta afirmativa fuera tan inmediata cuando llegaba de un dirigente socialista. Pocos meses después, cuando Sánchez le ofreció entrar en las listas al Congreso, declaró que cerraba las puertas a regresar a la judicatura y que le apasionaba la política. Fue una buena jugada para él iniciar su carrera política nada menos que al frente de Interior. Pero fue una buena jugada para Sánchez contar con Marlaska en su equipo: su trayectoria era un plus para un Gobierno cuya desconfianza era absoluta. Que formara parte de su equipo era una garantía de que el Ejecutivo contaría con tres o cuatro personas de solvencia. No más.

Paradójicamente, la carrera de Marlaska sufrió un destrozo de imprevisibles consecuencias porque se le cruzó en el camino la Guardia Civil, el cuerpo con el que había trabajado tan estrechamente como juez, el que siempre mencionaba cuando se referían a un hombre que jamás se dejaba presionar y que daba la cara defendiendo a los guardias y a sus mandos. La carrera de Marlaska ha sufrido un destrozo de imprevisibles consecuencias por mentir. Y por mentir en sede parlamentaria, que es lo que no se perdona a un diputado o un senador.

Secreto reforzado

Marlaska ya tuvo problemas con el anterior director de la Guardia Civil hace unos meses y destituyó a Félix Azón porque no había informado sobre una importante operación contra los CDR que tan bien manejaba Quim Torra para conseguir sus objetivos independentistas. Marlaska sí conocía la investigación a los CDR, pero no fue informado de que se iban a producir unas detenciones por la compra de material explosivo para cometer atentados. En ese caso, Marlaska estaba cargado de razón: determinadas operaciones, graves, y que además tenía connotaciones políticas, deben ponerse en conocimiento de la máxima autoridad.

La situación ahora ha sido la contraria: la Guardia Civil, como Policía Judicial, investigaba las decisiones respecto a la pandemia para ver si existían responsabilidades penales en miembros del Ejecutivo o del delegado del Gobierno en Madrid. La obligación de la Policía Judicial es informar al juez de la investigación. Además, Carmen Rodríguez Medel había reforzado el secretismo decretando que en este caso la Guardia Civil sólo podía informarla a ella misma.

El cese fulminante del coronel Diego Pérez de los Cobos se supo desde el principio que se debía a las investigaciones al delegado del Gobierno en Madrid, José Manuel Franco. Marlaska conocía perfectamente los resortes con los que había que moverse en la judicatura, pero este caso demostró que no sabía nada sobre cómo moverse en la política. En lugar de estudiar a fondo la situación antes de tomar decisiones, el cese fue inmediato y las explicaciones no reflejaban la verdad. Imperdonable en un juez, en un ministro, en cualquier persona, pero más todavía en alguien como Marlaska que sabía, como todos los que han trabajado contra ETA, que con frecuencia se tardaba menos en hacer una detención importante que en preparar la declaración sobre cómo se había localizado y arrestado al terrorista, para no delatar a colaboradores policiales o a otros terroristas que creían que se encontraban a salvo.

Insinuación innoble

La primera explicación que dio Marlaska fue que el cese se debió a una reestructuración del equipo de Interior. No le creyó nadie porque cuando se realiza una remodelación se anuncian simultáneamente los ceses y los relevos.

La segunda, cuando los medios publicaban que el cese se debía a que la Guardia Civil no había informado a la directora general sobre la marcha de las investigaciones del coronavirus, fue que se había filtrado el informe a varios medios; tercera versión, que el informe era tan pobre y cargado de errores que merecía el cese de sus responsables. Poco creíble. Llegó entonces una nueva explicación: la pérdida de confianza en Pérez de los Cobos, lo que sí se podía aceptar.

Marlaska, incómodo, indignado y preocupado por las informaciones de que presionó a la Guardia Civil para que le pasara la información sobre las investigaciones, lo que sería absolutamente ilegal, negó y volvió a negar en el Congreso esas presiones. Gran error, porque en un país en el que se filtra todo, desde todos los partidos y ministerios, no tardó en aparecer la nota de la Dirección General de la Guardia Civil, con los sellos y firmas correspondientes, que publicó El Confidencial.

Decía textualmente la directora general, María Gámez: "Propongo el cese del destino del coronel Diego de los Cobos Orihuela como Jefe de la Comandancia de Madrid (Tres Cantos-Madrid) por pérdida de confianza de esta Dirección General y del Equipo de Dirección del Ministerio del Interior, por no informar del desarrollo de investigaciones y actuaciones de la Guardia Civil en el marco operativo y de Policía Judicial con fines de conocimiento".

La Gran Mentira de Marlaska quedaba demostrada. Aun así, el ministro, en la comparecencia parlamentaria del jueves, lo siguió negando. Sí hizo dos afirmaciones que cayeron como una bomba: que él no había cesado al coronel, sino que había sido el secretario de Estado, su subordinado, y lanzó una insinuación innoble con la que pretendía dañar la imagen del coronel, al señalar que había dado la excusa de la remodelación de su equipo "por respeto a la carrera profesional de Pérez de los Cobos".

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