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La economía española crece menos de los esperado y es la única de las grandes europeas que todavía no ha conseguido recuperar el nivel de actividad previo a la pandemia, pese a lo cual durante el pasado trimestre consiguió superar el simbólico umbral de los 20 millones de ocupados. Una aparente contradicción que se explica con tres datos aportados por el profesor Cuadrado Roura durante su conferencia en la Universidad de Málaga la pasada semana.

El primero es la NAIRU, acrónimo en ingles de Tasa de Desempleo No Aceleradora de la Inflación. Indica cual es la menor tasa de desempleo que puede soportar una economía sin presionar sobre los precios y algunas estimaciones la estiman en 21,2% para España en los últimos años. Significa que, si la tasa de paro desciende por debajo de esta cifra (la media de 2021 fue 14,8%), se producirá un aumento de la inflación. La Curva de Phillips, uno de los fundamentos básicos de las políticas económicas keynesianas, postula la existencia de una relación inversa entre inflación y desempleo, de manera que, cuando este se reduce en exceso, los precios tienden a aumentar debido a la presión de la demanda. En sentido contrario, cuando la inflación es elevada, la demanda se contrae y aumenta el desempleo. La NAIRU es, por tanto, una tasa de paro de equilibrio situada justamente en la sutil frontera entre ambas circunstancias, que, cuando es tan elevada, convierte en fatalidad el dilema de elegir entre paro e inflación.

El segundo dato relevante es que el crecimiento potencial de la economía española, que antes de la crisis de 2008 se situaba alrededor del 3%, en la actualidad se encuentra en el entorno de 1%. El crecimiento potencial refleja cuanto puede crecer una economía sin tensiones inflacionistas, es decir, utilizando el mayor volumen posible de recursos, sin que la economía se sobrecaliente por un exceso de demanda. Lo que nos indica el dato ofrecido por el profesor Cuadrado es que la nueva previsión del Gobierno de crecimiento del 4,3% en el PIB durante 2022 garantiza inflación elevada para el resto del año. También nos dice que existen problemas de fondo en la economía española que exigen reformas, es decir, acudir a las causas, y que no se resuelven con medidas paliativas de sus consecuencias, como la subvención a la gasolina o el tope al precio del gas.

La creación de empleo cuando el crecimiento es insuficiente o cuando provoca una reacción acusada en la temperatura de los precios, sugiere que los problemas de fondo están relacionados con la productividad, lo que nos lleva al tercer dato aportado por Cuadrado (tomado del Banco de España): la tasa de crecimiento de la productividad total de los factores se mantiene por debajo del 1% desde el cambio de siglo. Es comprensible que, todavía bajo los efectos de la crisis provocada por la pandemia, las prioridades de la política económica se centren de forma casi exclusiva en la recuperación, pero la confluencia de una NAIRU elevada, un crecimiento potencial reducido y una baja productividad debe alertarnos de que la reducción simultánea de paro e inflación exige la corrección de deficiencias estructurales graves en el funcionamiento en la economía.

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