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Análisis

carmen pérez

Universidad de Sevilla

Palomas, halcones, y una lechuza poniendo orden

Tapering es una palabra inglesa que se coló en nuestro vocabulario, como tantas otras, con la crisis financiera de 2008. En finanzas, este proceso hace referencia a la disminución gradual de las medidas extraordinarias (¡ya ordinarias!) de política monetaria expansiva tomadas por los bancos centrales, esto es, la retirada paulatina del quantitative easing (QE). Ahora vamos a escuchar esta palabra una y otra vez porque, dada la situación macroeconómica actual, el debate sobre la bazuka que desplegó el BCE por la pandemia está candente. Ayer, se celebró la reunión periódica de su Consejo de Gobierno, y la expectación por lo que se decidiera era muy alta.

Dentro del Consejo, los halcones presionan para que se inicie el tapering argumentando que la fase de crisis se está desvaneciendo y que la tasa de inflación se situó en agosto en el 3%. Por su parte, las palomas insisten en considerar que el repunte de los precios es pasajero y que echar marcha atrás podría perjudicar la salida de la pandemia. Christine Lagarde, que se autodefinió como lechuza cuando llegó a la presidencia del BCE, ("yo seré una lechuza. Son animales muy sabios"), tiene que lidiar con ellos. Y también hilar fino en sus comunicaciones para conseguir los mejores resultados de la política monetaria.

A la hora de tomar una postura, no sólo hay que considerar cómo vayan evolucionando las variables macroeconómicas así como las perspectivas respecto a ellas. Los programas de compras hay que retirarlos como la cortisona, poco a poco, para evitar movimientos bruscos en los mercados financieros. Por eso, el BCE ayer se esforzó en comunicar que todo sigue igual salvo con el programa cuestionado, el PEPP, que permite unas compras de activos hasta de 1,85 billones de euros.

Lagarde, que esquivó el término tapering y aseguró que se trata sólo de "recalibrar", explicó que ahora consideran que pueden mantenerse unas condiciones de financiación favorables con un ritmo de compras netas bajo el PEPP ligeramente inferior al de los dos trimestres anteriores. Y la verdad es que esto de tapering, nada. Por varias razones.

La primera, es que este programa siempre tuvo fecha de finalización. Con alrededor de 1,3 billones comprados a finales de julio y una tasa actual de compras de alrededor de 60.000 a 70.000 millones, el plan llegaría a su fin de todos modos en marzo próximo. Segundo, no cifra la cuantía de la reducción. Además, dejan abierta la puerta a recular porque expresamente se aclara que se seguirá comprando de forma flexible de acuerdo con las condiciones del mercado y con el objetivo de prevenir un endurecimiento de las condiciones de financiación contraproducente.

Por último, y a pesar del ritmo más lento en el PEPP, el BCE todavía tiene suficiente fuego desplegado para absorber toda la deuda soberana de la eurozona emitida este año. Su programa tradicional de compra de activos, el APP, sigue funcionando a 20.000 millones de euros al mes. En cualquier momento, y sobre todo cuando finalice el PEPP, puede ampliarse.

Podría parecer que los halcones han impuesto su postura, pero sólo ha sido un tímido cambio: la lechuza sigue volando entre las palomas.

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